Hay conocimientos que nunca han necesitado una biblioteca para sobrevivir. No porque carezcan de complejidad, sino porque encontraron otras formas de permanecer: una conversación junto al fuego, una planta reconocida por su olor, una palabra pronunciada en una lengua que apenas se escribe, unas manos capaces de identificar cuándo un parto avanza bien y cuándo algo comienza a salir mal.
Cada 9 de agosto, Naciones Unidas conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, fecha establecida en recuerdo de la primera reunión del Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas, celebrada en 1982. En 2026, la conmemoración está dedicada a las parteras indígenas, y la elección parece específica solo a primera vista. En realidad, abre una pregunta mucho más amplia: ¿qué sucede con el conocimiento cuando no está contenido en libros, expedientes o instituciones?
Un conocimiento que pasa por las manos
La partería indígena difícilmente puede reducirse a una serie de procedimientos para acompañar un nacimiento. En numerosas comunidades implica conocer el cuerpo, interpretar señales durante el embarazo, acompañar emocionalmente a las mujeres, reconocer plantas y remedios, comprender prácticas culturales relacionadas con el nacimiento y mantener vínculos entre familias y comunidades.
Ese saber se construye muchas veces a través de la observación y la experiencia. Una partera puede aprender mirando a otra, recordar la posición de un bebé después de haber acompañado cientos de nacimientos o conocer el uso tradicional de determinadas plantas porque alguien se lo enseñó años atrás. También puede comprender mejor el miedo de una mujer porque habla su misma lengua y reconoce sus códigos de intimidad, sus rituales y sus silencios.
Nada de eso necesita haber pasado primero por una página. Tampoco significa que toda práctica tradicional deba asumirse como eficaz por el solo hecho de ser antigua, ni que la medicina institucional tenga que quedar fuera de la conversación. Lo que revela es algo distinto: durante generaciones, numerosas comunidades han producido formas propias de observar, experimentar, recordar y transmitir conocimiento. Las parteras son una de sus expresiones más visibles.
Cuando cuidar también significa recordar
En el trabajo de una partera se cruzan salud, memoria, lengua y pertenencia. El acompañamiento durante el embarazo y el parto puede incluir conocimientos sobre el cuerpo, pero también formas culturales de comprender el nacimiento, vínculos con el territorio e incluso maneras particulares de nombrar aquello que ocurre antes, durante y después de dar a luz.
Por eso hablar de ellas únicamente como vestigios de una medicina anterior resulta insuficiente. Las parteras indígenas siguen trabajando en el presente y, en muchas regiones, continúan siendo figuras centrales para comunidades que enfrentan barreras geográficas, económicas o culturales al intentar acceder a los sistemas de salud.
Su presencia permite entender algo que a menudo queda fuera de las definiciones más estrechas de patrimonio: conservar un conocimiento no siempre significa inmovilizarlo. A veces significa seguir utilizándolo, modificarlo con la experiencia y transmitirlo a alguien más.
México: saberes que siguen acompañando nacimientos
En distintas regiones de México, las parteras tradicionales continúan acompañando embarazos y nacimientos dentro de comunidades indígenas y rurales, muchas veces en lugares donde el acceso a hospitales es limitado o donde la atención médica no siempre considera la lengua y las prácticas culturales de quienes llegan a ella. Su trabajo no se reduce al momento del parto: puede comenzar meses antes, con el seguimiento del embarazo, y prolongarse después mediante cuidados para la madre y el recién nacido.
En estados como Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Veracruz, Puebla y Yucatán, la partería tradicional forma parte de sistemas comunitarios de cuidado que han sobrevivido durante generaciones. Algunas parteras combinan hoy conocimientos heredados con capacitación dentro de los servicios públicos de salud, mientras otras continúan trabajando principalmente desde los saberes transmitidos por madres, abuelas y otras mujeres de su comunidad.
La relación con las instituciones, sin embargo, no siempre ha sido sencilla. Durante décadas, muchos de estos conocimientos fueron considerados informales o secundarios frente a la medicina hospitalaria. Hoy la discusión se ha desplazado hacia la posibilidad de construir modelos interculturales en los que la atención médica y los conocimientos comunitarios puedan encontrarse sin que uno tenga que desaparecer para que el otro exista.
Lo que sabemos porque alguien lo recordó
La discusión, sin embargo, va mucho más allá del nacimiento. Buena parte de los conocimientos indígenas sobre plantas, animales, ciclos agrícolas, agua, fuego, clima o territorio se ha transmitido históricamente mediante prácticas cotidianas y memoria oral.
Para muchas culturas, separar naturaleza y conocimiento tendría poco sentido. Saber cuándo sembrar puede depender de observar las lluvias, los animales o la posición de ciertos astros; reconocer una planta puede implicar recordar dónde crece, en qué época se recolecta y para qué se ha utilizado durante generaciones. No se trata de un conocimiento inmóvil. Cambia, incorpora nuevas experiencias y entra en contacto con tecnologías y sistemas científicos contemporáneos.
El problema aparece cuando conservar termina significando extraer. Registrar una práctica, fotografiarla, digitalizarla o convertirla en objeto de estudio no garantiza por sí mismo su preservación. Un conocimiento puede permanecer perfectamente documentado y, al mismo tiempo, dejar de estar vivo dentro de la comunidad que lo produjo.
Conservarlo también significa permitir que quienes lo poseen continúen utilizándolo, enseñándolo y decidiendo qué hacer con él.
Una lengua también puede ser un archivo
Tal vez uno de los ejemplos más evidentes sean las lenguas. Cada idioma contiene formas particulares de clasificar el mundo: nombres para plantas, paisajes, relaciones familiares, animales, enfermedades, colores o fenómenos naturales que pueden no encontrar una equivalencia exacta en otra lengua.
Cuando una lengua desaparece, por eso, no se pierden únicamente palabras. También puede desaparecer una manera de organizar la experiencia, de distinguir elementos del paisaje o de transmitir conocimientos que durante siglos dependieron de esas palabras para existir.
Lo mismo ocurre con ciertos cantos, historias, técnicas artesanales, recetas, rituales o formas de leer un territorio. El conocimiento puede quedar depositado en objetos y documentos, pero también en movimientos, sonidos, gestos y recuerdos. Durante siglos, nuestra idea de archivo estuvo asociada sobre todo a aquello que podía escribirse, ordenarse, fecharse y conservarse. Los pueblos indígenas recuerdan que existen otras formas de memoria.
Los archivos que respiran
Una mujer aprende a acompañar un parto porque otra mujer se lo enseñó. Alguien reconoce una planta porque caminó durante años junto a una persona que sabía nombrarla. Un niño escucha una historia en la misma lengua en que la escucharon sus abuelos. Un agricultor observa el cielo y recuerda algo que quizá nunca leyó en un manual.
Nada de eso supone rechazar la ciencia, los hospitales, las universidades o los archivos. Significa reconocer que el conocimiento humano nunca estuvo contenido exclusivamente dentro de ellos. También ha viajado en la memoria, en la repetición y en la práctica; ha sobrevivido porque alguien supo algo y decidió enseñárselo a otra persona.
Que el Día Internacional de los Pueblos Indígenas de 2026 coloque a las parteras en el centro permite volver visible esa otra manera de conservar: aprender haciendo, recordar acompañando, transmitir viviendo. Y quizá obliga también a ampliar nuestra idea de patrimonio.
Un archivo puede ser un edificio lleno de documentos, pero también una lengua que todavía se habla, unas manos que recuerdan lo que otras manos les enseñaron, una práctica repetida durante generaciones o una historia que alguien aún sabe contar.






























































