Mundo
Algunas fotografías registran la historia. Otras, la cambiarla. El 11 de junio de 1963, en una calle de Saigón, una sola imagen hizo ambas.
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En 1822, Charles Babbage presentó una máquina capaz de realizar cálculos automáticos. Sin saberlo, estaba sentando las bases de la computación moderna.
Su obra transformó nuestra manera de mirar. Más que un pintor, fue uno de los grandes pensadores de la percepción contemporánea.
Hace 50 años, una pequeña placa dejó la Tierra con una misión extraordinaria: explicar quiénes somos a una inteligencia que quizá no conoceremos.
A 137 años de su nacimiento, el escritor portugués que imaginó múltiples identidades sigue fascinando a lectores de todo el mundo.
Algunas fotografías registran la historia. Otras, la cambiarla. El 11 de junio de 1963, en una calle de Saigón, una sola imagen hizo ambas.
Mucho más que una Copa del Mundo: el momento en que un continente ocupó el centro del escenario global.
Mucho más que un sistema de apoyo, una forma plena de lenguaje, cultura e identidad.
Entradas costosas y transmisiones restringidas reavivan el debate sobre quién puede vivir realmente una Copa del Mundo.
Su muerte inspiró una efeméride mundial. Un siglo después, sus edificios siguen pareciendo más futuros que muchos de nuestros edificios contemporáneos.
Antes de The Beatles, Pink Floyd o Bowie, Les Paul ya estaba reinventando la forma en que escuchamos música.
Antes de Netflix, millones de lectores ya esperaban con ansiedad el siguiente capítulo de las historias que Charles hallaba en las calles de Londres.
En el Día Internacional de los Archivos, celebramos la memoria colectiva resguardada en documentos, fotografías, cartas y testimonios. Porque sin memoria, no hay historia.