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Los días perdidos de Edgar Allan Poe

Seis días separan su última salida de su reaparición en una taberna de Baltimore, delirando y con ropa ajena. Cuatro días después murió.

El 27 de septiembre de 1849, Edgar Allan Poe salió de Richmond en un vapor rumbo al norte. Tenía cuarenta años, arrastraba problemas de dinero, una reputación literaria ya considerable y planes que todavía miraban hacia el futuro. Quería regresar a Nueva York y había hablado también de volver a Richmond, donde acababa de reencontrarse con Sarah Elmira Shelton, una antigua prometida de juventud. El barco llegó a Baltimore al día siguiente. A partir de ahí, la cronología empieza a romperse. Hay versiones, recuerdos escritos años después, testimonios contradictorios; lo que falta es una secuencia fiable de sus movimientos. Incluso Neilson Poe, primo del escritor y residente en Baltimore, admitiría días después que no había podido averiguar dónde había pasado aquel tiempo ni en qué circunstancias. 

El siguiente documento firme aparece el 3 de octubre. Joseph W. Walker, un empleado del Baltimore Sun, encontró a Poe en Ryan’s 4th Ward Polls, establecimiento conocido también como Gunner’s Hall, una taberna utilizada aquel día como centro de votación. Walker envió una nota urgente al médico y editor Joseph E. Snodgrass: había allí un hombre que respondía al nombre de Edgar A. Poe, escribió, estaba en una situación lamentable y necesitaba ayuda inmediata. La escena ha sido adornada tantas veces que algunos detalles terminaron adquiriendo el aspecto de hechos comprobados. La versión de Poe abandonado en una cuneta, por ejemplo, carece de una base documental sólida; lo que sí puede establecerse es que estaba gravemente desorientado y que su aspecto sorprendió a quienes acudieron a verlo.

Edgar Allan Poe en uno de sus retratos tardíos. En septiembre de 1849 salió de Richmond rumbo al norte; durante los días siguientes se pierde su rastro documental. Imagen: The Poe Museum.

Una ropa que nadie reconocía

Snodgrass llegó acompañado por Henry Herring, tío de Poe. El escritor llevaba prendas gastadas que, según los testimonios posteriores, parecían ajenas: ropa demasiado grande o mal ajustada, distinta de la que acostumbraba usar. En una vida reconstruida hasta la extenuación por biógrafos, lectores y especialistas, ese vestuario sigue siendo uno de los objetos más incómodos del expediente. ¿Dónde estaba la ropa con la que había salido de Richmond? ¿Quién le había dado aquellas prendas? ¿Las había cambiado voluntariamente? Ninguna respuesta quedó registrada.

Desde Gunner’s Hall fue llevado en carruaje al Washington College Hospital. Allí permaneció durante cuatro días, entrando y saliendo de estados de conciencia alterada. El médico John J. Moran, cuya memoria posterior contiene inconsistencias y debe leerse con cautela, describió episodios de agitación y alucinaciones. Una de las historias más repetidas afirma que Poe llamó varias veces a alguien llamado “Reynolds” durante sus últimas horas; nadie ha podido establecer con certeza a quién se refería, si es que el recuerdo de Moran fue exacto. El 7 de octubre de 1849, Poe murió en Baltimore. Tenía cuarenta años. 

Lo extraño empieza precisamente allí donde uno esperaría que aparecieran respuestas médicas. Los documentos hospitalarios que podrían haber aclarado mejor el caso no sobrevivieron, y las noticias posteriores utilizaron expresiones como “congestión cerebral” o phrenitis, un término del siglo XIX asociado a inflamaciones del cerebro y empleado con frecuencia cuando la causa concreta no estaba clara. Poe murió sin recuperar una lucidez suficiente para explicar qué había ocurrido desde su salida de Richmond. El vacío que dejó entre ambas fechas terminó convertido en una invitación permanente a reconstruirlo.

Baltimore estaba votando

Una de las teorías que mejor ha sobrevivido al paso del tiempo nace de una coincidencia difícil de ignorar: Poe apareció el día de una elección y justamente en un local utilizado como centro de votación. En el Baltimore de mediados del siglo XIX existía una práctica conocida como cooping, mediante la cual grupos vinculados a las maquinarias electorales secuestraban o retenían personas, las embriagaban o intimidaban y las obligaban a votar repetidamente utilizando distintas identidades. En ocasiones cambiaban también su ropa para alterar su apariencia. Décadas después de la muerte de Poe comenzaron a circular testimonios que atribuían su estado a una operación de ese tipo. 

La explicación resulta tentadora porque parece ordenar varias piezas al mismo tiempo: Gunner’s Hall, la jornada electoral, las prendas extrañas, la confusión. También contiene huecos. No existe un testigo contemporáneo que documente que Poe fue víctima de cooping, y buena parte del relato se consolidó bastante después de su muerte. La teoría ha ganado tanta fuerza en la cultura popular que a veces aparece narrada como solución del caso, cuando sigue siendo una hipótesis. El propio expediente de Poe resiste esa facilidad: casi cada dato que parece cerrar una puerta abre otra.

Vista de Baltimore realizada por E. Sachse & Co. en 1862. Poe había muerto en la ciudad trece años antes, después de reaparecer allí desorientado durante una jornada electoral. Imagen: Library of Congress

Durante años también se atribuyó su muerte al alcohol. Poe tenía una relación problemática con la bebida y algunas personas cercanas pensaron de inmediato que había recaído. Snodgrass, vinculado al movimiento de la templanza, contribuyó después a fijar esa versión. Investigaciones posteriores la han complicado. Análisis realizados sobre muestras de cabello atribuidas al escritor no mostraron los niveles que cabría esperar de una intoxicación alcohólica prolongada en los meses finales de su vida, aunque ese dato tampoco permite reconstruir lo ocurrido durante aquellos días concretos. 

Las hipótesis siguieron acumulándose: una paliza, meningitis o encefalitis, intoxicación por sustancias, una complicación médica, incluso rabia. En 1996, el cardiólogo R. Michael Benitez examinó de manera retrospectiva los síntomas descritos en los registros disponibles y propuso esta última posibilidad; el diagnóstico explicaría ciertos aspectos del deterioro rápido, pero tropieza con ausencias importantes, entre ellas la falta de una mordedura conocida y algunos síntomas característicos. Ninguna teoría ha conseguido absorber todos los detalles sin dejar residuos.

Lo que queda cuando faltan los documentos

La tentación de convertir la muerte de Poe en uno de sus propios cuentos apareció muy pronto. Un escritor asociado para siempre con criptas, dobles, asesinatos inexplicables y narradores poco fiables termina sus días en una ciudad donde no debía permanecer, vestido con ropa ajena y sin poder explicar cómo llegó allí. El paralelismo parece demasiado perfecto, y quizá por eso ha deformado también nuestra manera de mirar el episodio. Cada generación encuentra el Poe que espera encontrar: el alcohólico destruido por sus excesos, la víctima de una maquinaria electoral corrupta, el enfermo cuyo diagnóstico habría resultado evidente para la medicina contemporánea.

Página de una edición temprana de “The Tell-Tale Heart”. La fama de Poe como autor de relatos de horror y misterio terminó influyendo también en la manera en que se narraron sus últimos días. Imagen: The Poe Museum.

Su muerte tampoco estuvo rodeada del reconocimiento que hoy asociamos con su nombre. El funeral fue pequeño; distintas fuentes hablan de apenas un puñado de asistentes. Mientras tanto, la reputación del escritor empezó a ser moldeada por personas que tenían intereses propios en la historia que contaban. Rufus Wilmot Griswold, rival y posteriormente albacea literario de Poe, publicó poco después un obituario hostil que ayudó a fijar durante décadas la imagen del autor como una figura inestable y autodestructiva. La ausencia de documentos sobre sus últimos días dejó un espacio que otros podían ocupar con facilidad.

Ese espacio continúa abierto en 2026. Sabemos que Poe salió de Richmond el 27 de septiembre; un registro marítimo sitúa la llegada del vapor a Baltimore al día siguiente, aunque algunos detalles del itinerario siguen siendo discutidos por especialistas. Sabemos que el 3 de octubre Walker pidió ayuda para un hombre que se identificaba como Edgar A. Poe y que cuatro días más tarde el escritor murió en el Washington College Hospital. Entre esas fechas existe una zona de sombras hecha de recuerdos tardíos, documentos perdidos y explicaciones que se contradicen. 

Quizá por eso los seis días siguen llamando más la atención que cualquiera de las teorías concebidas para llenarlos. De Poe conservamos poemas, cartas, reseñas, retratos y una cantidad extraordinaria de páginas dedicadas a interpretar cada etapa de su vida; de la última semana quedan unas cuantas coordenadas y una nota escrita con prisa por un desconocido en Baltimore. En ella, Joseph Walker no intenta resolver ningún misterio. Dice simplemente que hay un hombre en problemas y que alguien debe venir a ayudarlo. Después de casi dos siglos, todavía estamos intentando averiguar qué ocurrió antes de que escribiera esas palabras.

Lugar original de entierro de Edgar Allan Poe en Westminster Burying Ground. Sus restos permanecieron allí hasta 1875, cuando fueron trasladados al monumento que hoy marca su sepultura. Foto: Jeffery Goldman

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