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México recupera tres piezas prehispánicas

Un cajete de piedra, Una figura de la tradición Tumbas de Tiro y una navajilla de obsidiana vuelven tras investigación sobre tráfico de antigüedades.

Tres objetos creados hace siglos en el territorio que hoy ocupa México se preparan para volver al país. Se trata de una figura antropomorfa de barro asociada a la tradición de Tumbas de Tiro, un cajete elaborado en piedra y una navajilla prismática de obsidiana, recuperados en Nueva York como parte de una investigación coordinada por la Unidad de Tráfico de Antigüedades de la Fiscalía de Distrito de Manhattan.

Las piezas se encuentran bajo resguardo del Consulado General de México en Nueva York y serán trasladadas al país para quedar en manos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), institución responsable de su análisis, conservación y protección. Una de ellas formaba parte de la colección del Metropolitan Museum of Art, uno de los museos más importantes del mundo.

Su recuperación no representa solamente el regreso de tres objetos antiguos. También forma parte de una discusión internacional cada vez más visible sobre la procedencia de las colecciones arqueológicas, el tráfico ilícito de bienes culturales y la responsabilidad de los museos en la revisión de las piezas que resguardan.

Un guerrero del occidente de México

La pieza más sobresaliente es una figura antropomorfa de aproximadamente 91 centímetros de altura, modelada en barro y decorada mediante pintura, incisiones y aplicaciones. Representa a un personaje masculino ataviado como guerrero: lleva yelmo, arracadas, ajorcas y coraza, mientras sostiene una lanza sobre uno de sus hombros.

Por sus características, especialistas mexicanos la identificaron como una obra de estilo Ixtlán del Río, perteneciente a la tradición de Tumbas de Tiro del occidente de México y elaborada en algún momento entre el año 100 a. C. y el 600 d. C. El Metropolitan Museum of Art, que la describe como la representación de una figura masculina de pie realizada por artistas de Nayarit, anunció su restitución el pasado 15 de julio.

Las llamadas tumbas de tiro fueron complejos funerarios subterráneos construidos principalmente en regiones de los actuales estados de Nayarit, Jalisco y Colima. En sus cámaras se depositaban cuerpos acompañados por ofrendas, entre ellas esculturas de personas, animales y escenas de la vida cotidiana. La inversión de trabajo y recursos necesaria para crear estos espacios indica que estuvieron vinculados, en muchos casos, con integrantes de grupos sociales de alto rango.

La figura devuelta por el Met no es, por tanto, una escultura aislada. Es el testimonio de una práctica funeraria, de una sociedad y de una manera de representar el cuerpo, la autoridad y la identidad en el México antiguo.

Dos objetos de la vida prehispánica

Las otras piezas recuperadas son menos monumentales, pero también contienen información sobre las actividades y los conocimientos desarrollados en Mesoamérica.

Una de ellas es un cajete de piedra fechado entre los años 300 y 900 d. C. Su forma y técnica de manufactura permiten suponer que procede de la región central del actual estado de Guerrero. La tercera es una navajilla prismática de obsidiana producida mediante técnicas de presión y percusión, ejemplo de la compleja industria lítica desarrollada durante la época prehispánica.

Las herramientas de obsidiana podían cumplir distintas funciones dentro de las sociedades mesoamericanas. Su filo permitía emplearlas en actividades domésticas, agrícolas, artesanales y rituales, mientras que la circulación de esta roca volcánica revela la existencia de redes de intercambio entre regiones.

Sin embargo, cuando una pieza arqueológica es extraída de su lugar de origen sin un registro adecuado, se pierde buena parte de la información que podría proporcionar. Ya no es posible saber con certeza en qué construcción fue encontrada, qué otros objetos la acompañaban o qué relación mantenía con las personas que la utilizaron.

El valor del patrimonio arqueológico no depende solamente de su belleza o antigüedad. También reside en su contexto: el conjunto de datos que permite comprender para qué fue creado, quién lo utilizó y qué lugar ocupaba dentro de una comunidad.

Los museos revisan sus colecciones

La devolución de la figura se produjo después de que nuevas investigaciones de la Fiscalía de Manhattan y del propio Metropolitan Museum of Art aportaran información sobre su procedencia. El museo afirmó que mantiene una revisión continua del historial de los objetos que forman parte de su colección y que el análisis realizado permitió determinar que la escultura debía regresar a México.

En los últimos años, la investigación de procedencia se ha convertido en una tarea central para numerosos museos. Ya no basta con conocer quién donó o vendió una obra: las instituciones deben reconstruir su trayectoria completa y determinar si salió legalmente de su territorio de origen, si fue objeto de saqueo o si estuvo vinculada con redes de tráfico de antigüedades.

La presencia de una pieza en un museo reconocido no garantiza por sí misma la legitimidad de su adquisición. Por ello, archivos, inventarios, documentos de compraventa y registros aduanales están siendo examinados con una atención que durante décadas no siempre existió.

El patrimonio que regresa

México ha reforzado durante los últimos años su política de recuperación de bienes culturales localizados en colecciones privadas, casas de subastas, universidades y museos del extranjero. Hasta julio de 2026, las autoridades federales habían informado de la repatriación de 17,878 bienes culturales desde 2018, de los cuales 3,716 fueron recuperados durante la actual administración.

Las devoluciones han sido posibles mediante entregas voluntarias, investigaciones judiciales, acciones diplomáticas y acuerdos de cooperación internacional. En abril de 2026, por ejemplo, México formalizó la repatriación de otros 160 bienes recuperados en Estados Unidos, Canadá, Francia y Argentina.

Aun así, cada restitución recuerda la dimensión del patrimonio que todavía permanece fuera de su contexto original y las dificultades legales para impedir que piezas arqueológicas continúen circulando en el mercado internacional.

El regreso de estas tres obras no reconstruirá por completo la historia que se perdió cuando fueron separadas de su lugar de origen. Pero permitirá estudiarlas, conservarlas y reincorporarlas al patrimonio público mexicano.

Después de atravesar colecciones, fronteras e investigaciones, el guerrero de barro, el cajete de piedra y la navajilla de obsidiana volverán al territorio del que surgieron. No regresan únicamente como objetos antiguos, sino como fragmentos de una memoria que aún puede ser recuperada.

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