Mientras el mundo se prepara para la próxima Copa del Mundo y millones de personas vuelven a mirar hacia México como epicentro futbolístico, un grupo de jugadores en la Ciudad de México entrena cada semana para preservar una tradición mucho más antigua que cualquier torneo moderno.
Se trata del Ulama, el ancestral juego de pelota mesoamericano considerado uno de los deportes más antiguos del continente americano y heredero directo de las prácticas rituales de civilizaciones como la olmeca, la maya y la mexica.
Pero el Ulama nunca fue solamente un deporte.
Fue ceremonia.
Fue símbolo.
Fue una forma de entender el universo.
Un juego nacido hace más de tres mil años
Mucho antes de que existieran las porterías, el VAR o las transmisiones deportivas globales, las culturas mesoamericanas ya construían enormes canchas de piedra donde dos equipos competían golpeando una pesada pelota de caucho únicamente con la cadera.
Las primeras evidencias del juego de pelota en Mesoamérica datan aproximadamente de hace 3.500 años y apuntan a la cultura olmeca como una de sus grandes impulsoras.
Con el tiempo, el juego se expandió por distintas regiones de lo que hoy es México y Centroamérica, convirtiéndose en una práctica profundamente ligada a:
- la espiritualidad,
- el movimiento de los astros,
- la dualidad entre vida y muerte,
- y el equilibrio entre fuerzas opuestas.
En muchas representaciones antiguas, la pelota simbolizaba el Sol desplazándose por el cielo, mientras que las canchas eran vistas como portales simbólicos entre distintos mundos.
Por eso, jugar Ulama no significaba únicamente competir.
Significaba representar el orden del cosmos.
Golpear una pelota de más de tres kilos… con la cadera
Actualmente, uno de los espacios que mantiene viva esta tradición se encuentra en la alcaldía Azcapotzalco, en la Ciudad de México, donde el equipo Azkatletl practica semanalmente esta disciplina ancestral.
Vestidos con protección tradicional de gamuza y tocados inspirados en culturas prehispánicas, hombres y mujeres entrenan para dominar una técnica físicamente demandante: golpear una pelota de más de tres kilos usando solamente la cadera.
El impacto duele.
Y aun así, continúan.
No sólo por deporte, sino por identidad cultural.
José Jorge Hernández, entrenador del equipo, explica que el juego comienza “desde abajo”, elevando la pelota únicamente con el movimiento de la cadera antes de intentar realizar anotaciones.
Pero detrás de cada jugada hay algo más profundo: la sensación de continuar una memoria colectiva que sobrevivió a siglos de colonización, transformación y olvido.
Un deporte que también resolvía conflictos
En distintas culturas mesoamericanas, el juego de pelota tenía funciones ceremoniales, políticas y sociales.
En algunos casos, servía para resolver tensiones entre comunidades o representar disputas simbólicas sin necesidad de guerra abierta.
En otros, formaba parte de rituales religiosos ligados al sacrificio, la fertilidad o el movimiento astral.
La importancia cultural del juego fue tan grande que hoy todavía existen más de 1.500 canchas arqueológicas descubiertas en México y Centroamérica.
Algunas de las más impresionantes pueden encontrarse en sitios como:
- Chichén Itzá
- Monte Albán
- El Tajín
En ellas, el juego era mucho más que entretenimiento.
Era una representación del equilibrio entre fuerzas cósmicas.
El Mundial podría darle nueva vida al Ulama
Para muchos jugadores y promotores culturales, la próxima Copa Mundial representa una oportunidad histórica para mostrarle al mundo que México posee una tradición deportiva milenaria anterior incluso al fútbol moderno.
La esperanza es que el interés internacional ayude a:
- preservar el Ulama,
- atraer nuevas generaciones,
- proteger las prácticas tradicionales,
- y convertir este patrimonio vivo en motivo de orgullo cultural.
Mónica Gabriela Manrique, una de las jugadoras que recientemente comenzó a practicarlo, describe el Ulama como un juego “muy emotivo”, lleno de simbolismos relacionados con el Sol, la Luna, la vida y la muerte.
Y quizá ahí radique gran parte de su fascinación actual.
En una época dominada por pantallas, velocidad y algoritmos, el Ulama parece recordar algo antiguo y profundamente humano:
que los juegos también pueden ser memoria, identidad y ritual.
Mucho antes del fútbol, México ya jugaba con el universo
Quizá el mayor poder del Ulama no esté en sus reglas ni en su antigüedad.
Sino en lo que representa.
Porque mientras el mundo entero celebra los grandes espectáculos deportivos modernos, este ancestral juego de pelota continúa resistiendo desde las orillas del tiempo, recordando que hubo civilizaciones capaces de convertir el movimiento de una pelota en una metáfora del cosmos.
Y que, miles de años después, todavía hay personas dispuestas a mantener viva esa llama.
Mesa editorial | BrúxulaNews💫


























































