Connect with us

Hi, what are you looking for?

Brúxula News

Mundo

Una casa para la memoria latina

Un edificio inaugurado en 1881 como el primer museo nacional del Smithsonian podría convertirse en la sede permanente del Museo Nacional del Latino Estadounidense.

En Washington, los edificios también cuentan una versión de la historia. El Capitolio, la Casa Blanca, los monumentos que bordean el National Mall y los museos del Smithsonian forman parte de una geografía donde una nación ha decidido colocar, literalmente, aquello que considera digno de recordar. Por eso la posible sede del Museo Nacional del Latino Estadounidense es algo más que una decisión inmobiliaria.

El próximo 31 de agosto, el Consejo de Regentes del Smithsonian discutirá la posibilidad de instalar el museo en el histórico Arts and Industries Building, situado entre el Smithsonian Castle y el Hirshhorn Museum. La alternativa recupera una posibilidad que ya había sido contemplada años atrás, pero que ahora adquiere otra dimensión: utilizar un edificio existente permitiría avanzar hacia una sede permanente sin atravesar el mismo proceso de aprobación del Congreso que requeriría levantar un nuevo museo en determinados terrenos del National Mall.

La coincidencia tiene una potencia difícil de ignorar. El edificio abrió en 1881 como el United States National Museum, el primer inmueble construido específicamente para albergar el museo nacional del Smithsonian. Allí Estados Unidos reunió objetos con los que intentaba explicar el mundo y, al mismo tiempo, explicarse a sí mismo. Ciento cuarenta y cinco años después, esas mismas salas podrían dedicarse a contar una historia que durante buena parte de ese tiempo apenas encontró espacio dentro de los grandes relatos nacionales: la de millones de estadounidenses con raíces mexicanas, puertorriqueñas, cubanas, centroamericanas, sudamericanas y caribeñas.

Un museo que todavía busca casa

El Museo Nacional del Latino Estadounidense existe, pero todavía no existe del todo. El Congreso estadounidense autorizó su creación en 2020, incorporándolo formalmente al Smithsonian. Desde entonces se han establecido una junta directiva, un equipo institucional y una dirección —Jorge Zamanillo fue nombrado director fundador en 2022—, pero el proyecto continúa sin un edificio permanente propio.

Eso no significa que el museo haya permanecido únicamente sobre el papel. Desde junio de 2022 funciona dentro del Museo Nacional de Historia Estadounidense la Molina Family Latino Gallery, primer espacio permanente del Smithsonian dedicado por completo a la historia y la cultura latinas. Su exposición inaugural, ¡Presente! A Latino History of the United States, propone revisar episodios conocidos de la historia estadounidense desde perspectivas relacionadas con identidad, colonización, migraciones, expansión territorial, movimientos sociales y las múltiples formas en que las comunidades latinas han transformado al país.

La galería es, en cierta forma, un museo antes del museo: un ensayo de lo que una institución de mayor escala podría llegar a hacer. Pero sus dimensiones también recuerdan la diferencia entre participar en el relato de otro museo y disponer de una casa propia.

Durante años, el Smithsonian estudió posibles terrenos para construir tanto el Museo Nacional del Latino Estadounidense como el Museo Nacional de Historia de la Mujer Estadounidense, creado por la misma legislación. En 2022, el Arts and Industries Building estuvo entre las alternativas evaluadas antes de que la discusión se orientara hacia nuevas construcciones. Ahora ha vuelto a aparecer en el mapa.

Y esta vez el tiempo importa. El debate ocurre en un momento de tensión alrededor del Smithsonian y de la manera en que sus museos representan la historia estadounidense. El proyecto latino ha enfrentado críticas políticas por algunos de los enfoques de ¡Presente!, mientras que la propuesta presupuestaria presentada por la administración de Donald Trump en mayo de 2026 planteó retirar recursos al futuro museo y sustituirlo por un centro itinerante que desarrollara programas dentro de los museos existentes. Encontrar una sede ha dejado de ser, por ello, una pregunta puramente arquitectónica.

El edificio que contó a Estados Unidos

Antes de que Washington tuviera el Museo Nacional de Historia Natural, el Museo Nacional de Historia Estadounidense o el Museo Nacional del Aire y el Espacio, muchas de las historias que terminarían ocupando esos edificios convivieron bajo un mismo techo.

El Arts and Industries Building abrió al público en octubre de 1881. Diseñado por los arquitectos Adolf Cluss y Paul Schulze, nació en parte como consecuencia de la Exposición del Centenario de Filadelfia de 1876: numerosos objetos exhibidos allí terminaron en las colecciones del Smithsonian y ayudaron a hacer evidente la necesidad de un nuevo espacio. El edificio se construyó junto al Castle, cuya capacidad para albergar colecciones había quedado rebasada.

Antes incluso de instalar sus exposiciones, las salas tuvieron un estreno peculiar. El 4 de marzo de 1881, alrededor de siete mil invitados asistieron allí al baile inaugural del presidente James Garfield. En la rotonda, una figura alegórica de América sostenía una de las nuevas luces eléctricas de Thomas Edison. Era una escenografía casi demasiado perfecta para la época: una nación joven celebrándose bajo el signo del progreso.

Meses después llegaron las vitrinas. Geología, zoología, antropología, arte, tecnología, instrumentos musicales, objetos históricos, cerámica, transporte y agricultura convivían en sus grandes galerías. El museo aspiraba a ordenar un mundo enorme dentro de un edificio.

Con el tiempo, las colecciones crecieron tanto que comenzaron a desprenderse de aquella casa. De sus salas surgieron, directa o indirectamente, instituciones especializadas que terminarían ocupando algunos de los museos más reconocibles de Washington. El Smithsonian describe hoy al Arts and Industries Building como una especie de “madre de museos”, incubadora de buena parte de la institución que conocemos actualmente.

También envejeció. Fue declarado National Historic Landmark en 1971, cerró al público en 2004 después de años de deterioro y ha atravesado un proceso largo e irregular de restauración. Aunque ha vuelto a utilizarse para exposiciones y acontecimientos especiales, todavía no funciona como un museo permanente convencional. Precisamente por eso resulta tan sugerente imaginarlo comenzando otra vida.

La memoria también ocupa espacio

Los museos nacionales nunca son simplemente depósitos de objetos. Seleccionan. Ordenan. Separan unas historias de otras y deciden cuáles merecen una sala amplia, cuáles una vitrina y cuáles permanecen fuera. También ocupan territorio.

En el National Mall esa dimensión resulta especialmente evidente. Caminar entre sus monumentos y museos es recorrer una versión material de Estados Unidos: sus presidentes, sus guerras, sus avances científicos, su historia natural, la experiencia afroamericana, las culturas indígenas, el arte nacional y las grandes narraciones que durante generaciones han participado en la construcción de una identidad compartida.

La creación del Museo Nacional del Latino Estadounidense parte de una constatación que parece sencilla pero tiene consecuencias profundas: la historia latina no sucede al margen de la historia de Estados Unidos. Así lo plantea el propio museo en ¡Presente!, donde la expansión territorial, la frontera con México, Puerto Rico, las migraciones caribeñas y latinoamericanas, el trabajo, la música, las luchas sociales y la vida cotidiana aparecen no como capítulos extranjeros añadidos posteriormente, sino como parte del proceso mediante el cual el país llegó a ser lo que es.

Una institución dedicada a esa experiencia tampoco puede contar una sola historia latina. Bajo esa palabra conviven comunidades separadas por territorios, generaciones, lenguas, circunstancias migratorias e historias políticas muy diferentes. No existe una experiencia única que pueda encerrarse cómodamente bajo una etiqueta, quizá por eso importa tanto disponer de espacio.

Un museo propio permite contradicciones, matices y escalas que difícilmente caben en una galería. Permite conservar objetos, construir archivos, producir investigación, organizar exposiciones temporales y modificar con el tiempo aquello que una institución considera importante. Sobre todo, permite que esas historias no aparezcan únicamente cuando dialogan con narraciones construidas por otros.

Que todo ello pudiera suceder dentro del primer museo nacional del Smithsonian añadiría una capa histórica extraordinaria. El edificio concebido en el siglo XIX para mostrar aquello que Estados Unidos consideraba representativo del mundo podría convertirse, en el XXI, en un lugar destinado a reconsiderar quiénes han formado parte de Estados Unidos desde siempre.

Una casa posible

Nada está decidido todavía. El Consejo de Regentes deberá discutir la propuesta el 31 de agosto y una eventual elección del Arts and Industries Building abriría nuevas preguntas: financiación, restauración, adaptación museográfica y la manera en que un inmueble histórico podría responder a las necesidades tecnológicas, curatoriales y de conservación de un museo contemporáneo. La restauración del edificio lleva más de dos décadas avanzando por etapas y todavía no existe una fecha pública para completar el proceso.

Pero reutilizarlo resolvería algo que hasta ahora parecía especialmente difícil: encontrar un lugar en el National Mall sin comenzar necesariamente desde cero. Y quizá pocas sedes podrían cargar con una paradoja tan apropiada.

En 1881, aquellas salas fueron construidas para organizar el conocimiento de una nación que todavía estaba definiendo qué quería mostrar de sí misma. Desde allí crecieron otros museos hasta que, uno a uno, abandonaron el edificio y encontraron una casa propia.

Ahora el viejo museo podría volver a empezar. Esta vez no para reunir todo Estados Unidos bajo un mismo techo, sino para hacer espacio a una parte de su historia que durante demasiado tiempo tuvo que contarse desde los márgenes. Una casa, después de todo, nunca es solamente un edificio, también es la certeza de que hay un lugar donde una historia puede quedarse.

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

TAMBIÉN TE PODRÍA INTERESAR...

Mundo

El legado de James originó el Smithsonian Institution. A 180 años de su fundación, la idea de aumentar y difundir el conocimiento sigue cambiando.

Copyright © 2026 Brúxula News