La pregunta que cuesta hacer
Una conversación puede empezar de una manera torpe. Un mensaje enviado después de pensarlo demasiado. Una visita sin saber exactamente qué decir. La pregunta que suele aparecer primero —“¿estás bien?”— y otra, bastante más difícil, cuando algo preocupa de verdad: “¿has pensado en hacerte daño?”.
El miedo a formularla tiene una historia propia. Durante años circuló la idea de que mencionar el suicidio podía sembrar el pensamiento en alguien que antes no lo tenía. La Organización Mundial de la Salud sostiene lo contrario: preguntar directamente a una persona si está pensando en suicidarse no aumenta el riesgo; puede reducir su ansiedad y hacerla sentir comprendida. Hablar abiertamente también puede ganar tiempo en un momento de crisis.
Por eso la campaña del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora cada 10 de septiembre, ha elegido una consigna particularmente sencilla para su ciclo 2024-2026: “Changing the narrative on suicide”. Este año, el último de ese periodo, la acompaña una invitación todavía más concreta: “Start the Conversation”: empezar la conversación. La frase parece pequeña frente a aquello que intenta nombrar, tal vez ahí reside su utilidad.
Cambiar la narrativa
Las palabras alrededor del suicidio han cargado durante mucho tiempo con vergüenza, culpa, miedo y silencio. A veces también con una especie de distancia: hablamos del problema en estadísticas, campañas o titulares y cuesta reconocerlo cuando aparece a unos metros de nosotros, en alguien que conocemos.
Cambiar esa narrativa implica aprender a escuchar ciertas frases sin descartarlas como exageraciones y dejar de tratar el sufrimiento como un asunto que una persona debería resolver por fuerza de voluntad. La OMS recuerda que las conductas suicidas rara vez pueden explicarse por una única causa. Pueden intervenir problemas de salud mental, dolor crónico, violencia, pérdidas, aislamiento, dificultades económicas, conflictos personales y otros factores sociales o culturales. Incluso dos personas atravesando circunstancias parecidas pueden responder de maneras completamente distintas.
También significa hablar con cuidado. La prevención no necesita convertir cada historia en una moraleja ni cada supervivencia en un relato obligatorio de superación. Puede comenzar por algo bastante menos espectacular: reconocer que alguien está sufriendo, creerle y permanecer el tiempo suficiente para escuchar lo que tenga que decir. Eso explica que la campaña de la OMS insista tanto en abandonar el estigma. Una persona difícilmente puede pedir ayuda para aquello que siente que debe ocultar.

Lo que queda detrás de las cifras
La escala mundial es difícil de imaginar: más de 720 mil personas mueren por suicidio cada año. En 2021 fue la tercera causa de muerte entre personas de 15 a 29 años, y el 73 % de las muertes ocurrió en países de ingresos bajos y medianos.
En las Américas hay una circunstancia especialmente inquietante. La OPS señaló este 10 de septiembre que es la única región de la OMS donde la tasa de suicidio ha aumentado durante las últimas dos décadas. En 2021 murieron aproximadamente 100,760 personas por esta causa en el continente.
México forma parte de esa historia. Las cifras preliminares del INEGI registraron 8,709 muertes por suicidio durante 2025, equivalentes a una tasa nacional de 6.7 por cada cien mil habitantes. La diferencia por sexo es marcada: 10.9 entre los hombres frente a 2.6 entre las mujeres. El grupo de 15 a 29 años presentó la tasa más alta, con 10.2 por cada cien mil personas. Una década antes, en 2015, la tasa nacional era de 5.1.
Los números sirven para observar patrones y decidir políticas públicas. Después llega el límite de las estadísticas. En una tabla no aparecen aquella llamada que nadie respondió, la consulta que se pospuso, una amistad que sospechó que algo ocurría o alguien que llevaba meses funcionando aparentemente con normalidad. Entre una cifra y otra existen vidas cotidianas.
Qué puede hacer una conversación
Escuchar parece una acción pasiva hasta que toca hacerlo en serio. Implica tolerar silencios, resistir la necesidad de encontrar inmediatamente una solución y evitar respuestas que reduzcan el problema: “anímate”, “piensa en todo lo bueno que tienes”, “otros están peor”.
Si hay preocupación por una persona, la OMS recomienda buscar un momento tranquilo, preguntar cómo se siente y hablar abiertamente del suicidio cuando sea necesario. También aconseja facilitar el contacto con profesionales de salud y, si existe peligro inmediato, permanecer con la persona y solicitar ayuda de emergencia.
La conversación adquiere entonces una dimensión muy concreta. Puede ayudar a que alguien diga por primera vez aquello que lleva tiempo intentando esconder. Puede convertir una experiencia privada en algo que otra persona ya conoce. Puede abrir la puerta hacia atención profesional.

Pero escuchar tampoco convierte a un amigo, una pareja o un familiar en terapeuta. Quien acompaña puede estar presente, llamar, conducir hasta una consulta, ayudar a localizar atención y volver a preguntar al día siguiente. Hay momentos en los que la ayuda especializada resulta indispensable. La prevención también ocurre ahí: en saber que acompañar y pedir ayuda pueden formar parte de la misma acción.
Después de decirlo en voz alta
El problema sería bastante más sencillo si bastara una conversación. Después pueden venir una valoración clínica, terapia, tratamiento médico cuando corresponde, cambios en la vida cotidiana, seguimiento y días en los que habrá que volver a preguntar. La OMS plantea la prevención desde varios frentes: detección temprana y atención de personas con conductas suicidas, seguimiento posterior, educación socioemocional de adolescentes y políticas públicas que reduzcan riesgos y amplíen el acceso a cuidados.
La OPS intenta trasladar esa lógica a los sistemas de salud de la región. En México, durante 2026, la organización trabajó con la Secretaría de Salud y la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones para fortalecer las capacidades de prevención en las 32 entidades federativas. La conversación individual importa; detrás de ella debe existir una red capaz de responder.
Quizá por eso Start the Conversation funciona mejor entendido como un comienzo literal. Hablar rompe el aislamiento durante unos minutos. Después importa qué ocurre con aquello que se ha dicho: quién escucha, quién acompaña, qué servicio responde, cuánto tarda una cita, qué sucede mañana.
En la ilustración que acompaña este texto, un hilo sale de una maraña y llega hasta otra mano. El nudo sigue ahí. Nadie pretende haberlo deshecho de un tirón. Pero ahora existe alguien al otro extremo… y eso ya cambia la escena.
Si tú o alguien cercano atraviesa una crisis o tiene pensamientos suicidas en México, la Línea de la Vida ofrece atención gratuita las 24 horas, los 365 días, en el 800 911 2000. Si existe riesgo inmediato, contacta a los servicios de emergencia y permanece con la persona mientras llega ayuda.






























































