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Durante décadas Tasmania pagó recompensas por matarlo. En 1936 decidió protegerlo; 59 días después murió el último ejemplar conocido.
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Durante décadas Tasmania pagó recompensas por matarlo. En 1936 decidió protegerlo; 59 días después murió el último ejemplar conocido.
Entre los bosques de Asia y la memoria indígena de Taiwán, este felino revela cómo perder una especie transforma paisajes, culturas y relatos.
Clave para el equilibrio ecológico, su historia es también la de la supervivencia en uno de los territorios más extremos del planeta.
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