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Constelaciones y derivas: una colección para mirar de nuevo a América Latina

MARCO reúne 174 obras de más de cien artistas para revisar cinco décadas de Colección FEMSA y sus cruces, tensiones y memorias.

Papilla estelar, de Remedios Varo, comparte el recorrido con Step Sister’s Hen, de Leonora Carrington. Cerca de ellas, el paisaje volcánico de El maizal, del Dr. Atl, puede encontrarse en conversación con La mujer durmiente, de David Alfaro Siqueiros, y con los objetos fronterizos que Miguel Fernández de Castro reunió en una instalación realizada casi siete décadas después. Más que ordenar estas piezas por fecha, escuela o país, Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA las aproxima para observar qué preguntas todavía comparten: quién puede nombrar un territorio, cómo permanece el pasado colonial, de qué manera se construye una identidad y qué formas encuentra el arte para transformar la materia, el cuerpo y la memoria. 

Presentada en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, la exposición reúne 174 obras de más de cien artistas latinoamericanos y constituye la revisión pública más amplia que la Colección FEMSA ha realizado en México. La muestra marca el inicio de las celebraciones rumbo al 50 aniversario de un acervo que comenzó a formarse en Monterrey durante la década de 1970 y que actualmente conserva más de mil piezas de arte moderno y contemporáneo, con especial atención a México y América Latina. 

Vista de exposición Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA. Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, 2026. Cortesía Colección FEMSA. Fotografía Michelle Lartigue.

Una exposición construida como una red

En lugar de presentar una sucesión lineal de movimientos, fechas y nombres, la curaduría propone pensar las obras como estrellas dentro de una constelación. Cada pieza posee una historia propia, pero su significado puede modificarse cuando se aproxima a otras producidas en contextos, países y generaciones diferentes. El recorrido fue desarrollado por Eugenia Braniff, Paulina Bravo y Beto Díaz Suárez, de la Colección FEMSA, junto con la curadora independiente Adriana Melchor. 

Este modelo permite que figuras históricas como Diego Rivera, María Izquierdo, Rufino Tamayo, Joaquín Torres-García, Remedios Varo o José Clemente Orozco no aparezcan únicamente como nombres consagrados del arte latinoamericano. Sus obras son colocadas frente a prácticas contemporáneas que cuestionan el territorio, la violencia, el género, las relaciones familiares o las herencias coloniales. La exposición no busca construir una sola definición de América Latina, sino mostrar que su historia visual está formada por desplazamientos, contradicciones y relatos que se cruzan continuamente. 

Al centro, La mujer durmiente (1947), de David Alfaro Siqueiros; a la izquierda, parte de Objetos de mi jardín (2024), de Miguel Fernández de Castro. Su proximidad muestra la manera en que la exposición vincula obras modernas y contemporáneas. Fotografía: Arthur Mora.

Uno de los primeros encuentros del recorrido reúne El maizal (Milpa seca), realizado por Gerardo Murillo, Dr. Atl, en 1955; La mujer durmiente, pintada por Siqueiros en 1947, y Objetos de mi jardín, instalación de Miguel Fernández de Castro de 2024. En esta última aparecen un alambre de púas, prendas militares y objetos asociados con la vigilancia fronteriza. El paisaje deja entonces de ser únicamente una extensión natural: se convierte en un espacio atravesado por límites políticos, desplazamientos, vigilancia y conflicto. 

Cinco formas de recorrer América Latina

Las obras se distribuyen en cinco núcleos: Territorios; Estructuras coloniales; Debatiendo la abstracción: geometría y forma en América Latina; Alquimia; e Identidades. No funcionan como categorías cerradas. Una misma preocupación puede pasar de una sala a otra, del paisaje al cuerpo o de la geometría a la política. 

En Territorios, el espacio geográfico aparece como paisaje, frontera, lugar de pertenencia y zona de disputa. Las obras examinan los vínculos entre las comunidades y los lugares que habitan, pero también las fuerzas políticas y económicas que modifican esos espacios.

Las cinco constelaciones de la exposición relacionan obras, temporalidades y lenguajes distintos para examinar el territorio, las estructuras coloniales, la abstracción, la alquimia y las identidades. Fotografía: Arthur Mora.

Estructuras coloniales se ocupa de las huellas que la conquista y la colonización dejaron en las imágenes, los cuerpos y las jerarquías sociales. El núcleo no presenta el colonialismo como un episodio concluido, sino como una estructura cuyos efectos todavía pueden reconocerse en las relaciones de poder, en el racismo y en las formas de representar la identidad latinoamericana.

Vista de exposición Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA. Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, 2026. Cortesía MARCO. Fotografía: Arthur Mora.

En Debatiendo la abstracción, las geometrías de artistas como Gego, Jesús Rafael Soto, Fanny Sanín, Carmen Herrera, Carlos Cruz-Diez, Lygia Clark y Joaquín Torres-García muestran que la abstracción en América Latina no fue una simple adaptación de las vanguardias europeas. Sus líneas, colores y estructuras también fueron formas de imaginar ciudades, cuerpos y sociedades diferentes. La selección reúne generaciones y procedencias diversas para mostrar que la geometría fue, además de un lenguaje plástico, una herramienta de experimentación intelectual y política. 

Vista de exposición Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA. Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, 2026. Cortesía MARCO. Fotografía: Arthur Mora.

El eje Alquimia se adentra en los procesos de transformación material y simbólica. Allí aparecen dos de las obras más reconocibles del recorrido: Papilla estelar, de Remedios Varo, y Step Sister’s Hen, de Leonora Carrington. Lo cósmico, lo doméstico, lo animal y lo fantástico se entrelazan con trabajos contemporáneos como Patrones de resonancias, de Isa Carrillo, y con las exploraciones astronómicas de Ale de la Puente. Tejer, cocinar, observar el cielo o combinar materiales se convierten en maneras de producir conocimiento y alterar la realidad. 

Finalmente, Identidades examina cómo las personas se narran a través del género, la familia, la lengua, la comunidad y la memoria. Salvador Xharicata aborda la distancia que lo separa de la lengua de su abuela; Ana Gallardo reúne el trabajo de tres generaciones de mujeres de su familia; y Beatriz González transforma el dolor colectivo en la obra Ante el duelo, de 2019. Lo íntimo no aparece separado de lo político: una historia familiar, una lengua perdida o una experiencia de duelo pueden revelar procesos sociales mucho más amplios. 

Una obra que también es lugar de encuentro

Entre las piezas creadas especialmente para la exposición se encuentra Club de collage especulativo, del artista argentino Ad Minoliti. La instalación combina estructuras escultóricas, grandes superficies geométricas, una mesa y varias sillas dentro de un espacio que recuerda una carpa de circo. No está concebida únicamente para ser observada: funciona como sede de talleres y encuentros donde el collage se utiliza para debatir, jugar e imaginar identidades fuera de las categorías tradicionales. 

La propuesta introduce el cuidado, la ternura y el juego en una sección dedicada a la abstracción. Al colocarla cerca de piezas históricas como El grande de España, obra cubista realizada por Diego Rivera en 1914, la exposición muestra que las formas geométricas pueden adquirir significados distintos según el momento desde el que se observen: pueden ordenar una composición, cuestionar las normas del cuerpo o imaginar otras maneras de convivir. 

Ad Minoliti, Club de collage especulativo, 2026. La instalación articula elementos escultóricos y un espacio pedagógico concebido para el encuentro, el debate, el juego y la experimentación colectiva. Fotografía: Arthur Mora.

El regreso de la colección a Monterrey

La presentación en MARCO posee además un significado local. La historia de la Colección FEMSA se encuentra vinculada con el antiguo Museo de Monterrey, activo entre 1977 y 2000, donde comenzaron a consolidarse los primeros núcleos del acervo. Tras el cierre de aquel espacio, la colección adoptó un carácter itinerante y desarrolló colaboraciones con museos e instituciones de distintas ciudades. Su regreso a Monterrey con la exposición más amplia que ha organizado en México permite revisar ese origen y, al mismo tiempo, plantear hacia dónde puede crecer durante sus próximas décadas. 

La exposición también se extiende fuera de las salas mediante charlas, talleres, performances y Rutas metabólicas, un programa de residencias culinarias que relaciona arte, territorio, memoria y transformación. Los menús temporales creados por cocineros invitados trasladan las preguntas de la muestra al restaurante de MARCO y proponen que el conocimiento pueda producirse no solo a través de la mirada, sino también del gusto, el olfato y la experiencia corporal. 

El regreso de la Colección FEMSA a Monterrey reúne en MARCO obras modernas y contemporáneas dentro de un recorrido que revisa la historia del acervo y proyecta sus nuevas líneas de investigación. Fotografía: Arthur Mora.

Constelaciones y derivas no intenta resumir un continente ni establecer una lista definitiva de sus grandes artistas. Su apuesta consiste precisamente en lo contrario: mostrar que el arte latinoamericano no forma una línea recta, sino una trama en movimiento. Cada obra ilumina un fragmento; cada proximidad altera la lectura de la anterior. El resultado es una exposición que revisa cincuenta años de coleccionismo, pero que también pregunta cómo queremos mirar, narrar y conservar América Latina en el presente.

Datos de visita

La exposición se presenta en MARCO, ubicado en Zuazua y Jardón, en el centro de Monterrey. La página vigente del museo señala que permanecerá abierta hasta el 30 de agosto de 2026. MARCO abre de martes a domingo de 10:00 a 18:00 horas y los miércoles hasta las 20:00. La entrada general cuesta 150 pesos; los domingos el acceso es gratuito para todo el público. 

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