Hay algo deliberadamente extraño en reunirse a oscuras para contemplar aquello que, fuera de una pantalla, intentaríamos evitar. Un cuerpo que se transforma, una presencia detrás de una puerta, el rostro de alguien que ha dejado de comportarse como lo conocemos. El cine de terror ha perfeccionado durante más de un siglo esta curiosa forma de placer, capaz de convertir el sobresalto en una experiencia compartida. Entre el 28 de octubre y el 8 de noviembre, Mórbido Film Fest vuelve a convocar a quienes encuentran en esas imágenes una manera particularmente estimulante de mirar el mundo.
En su decimonovena edición, el festival mexicano reúne 40 largometrajes y 81 cortometrajes procedentes de 20 países, distribuidos entre 14 sedes de Ciudad de México y Morelos. La selección comprende producciones contemporáneas, cine de culto, documentales y restauraciones, con una presencia importante del cine mexicano. Su programación ofrece también una pequeña historia de cómo ha cambiado el horror: de los monstruos del cine silente a las amenazas psicológicas y políticas que atraviesan las películas actuales.
Fundado en 2008, Mórbido ha construido un espacio para un cine que durante décadas encontró dificultades para ser reconocido fuera de los circuitos especializados. La ciencia ficción, la fantasía oscura y el horror corporal comparten aquí cartelera con obras que utilizan los mecanismos del género para examinar conflictos sociales. La edición de 2026 llega cuando el terror disfruta de una circulación internacional particularmente fértil, aunque el festival conserva una virtud propia: su disposición a encontrar parentescos inesperados entre películas de distintas épocas y cinematografías.
Mictlantecuhtli, el anfitrión de los muertos
La imagen que preside esta edición muestra una figura de ojos encendidos, rodeada de vegetación y atravesada por una anatomía inquietante. Es Mictlantecuhtli, señor del Mictlán en la tradición mexica, reinterpretado por el artista mexicano Marcos Castro. En la pintura, el cuerpo parece confundirse con la tierra que lo rodea, mientras el rostro mantiene una expresión enigmática. Bajo el lema «La Gran Tenochtitlan», el festival incorpora a su identidad visual una concepción de la muerte distinta de la que suele dominar el imaginario cinematográfico occidental.

La elección dialoga con el calendario de Día de Muertos, pero también encuentra un eco en Sacrificios (2025), de Mauricio Chernovetzky, una de las producciones mexicanas destacadas del programa. La película parte de una pérdida familiar y recurre a la mitología mexica para construir una historia en torno al regreso de un hijo. Su premisa recupera una de las preguntas más persistentes de la literatura fantástica: qué ocurriría si aquello que hemos perdido encontrara una manera de volver, aunque su retorno exigiera un precio imposible de aceptar.
La cinta tendrá su estreno nacional en el Auditorio Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de Antropología. La elección del recinto resulta especialmente pertinente para una historia que incorpora elementos de la cosmogonía mesoamericana. Allí, los referentes históricos y las ficciones contemporáneas podrán encontrarse en un mismo espacio.
El horror mexicano busca nuevas voces
El cine mexicano tendrá once producciones dentro de la selección anunciada, incluidas obras en proceso y títulos de animación. La inauguración estará a cargo de Hablando con extraños (2026), dirigida por Adrián García Bogliano, en la Cineteca Chapultepec. El realizador, cuya filmografía se ha desarrollado entre México y Argentina, forma parte de una generación que ha trabajado el terror desde producciones independientes, encontrando en el género una libertad narrativa que con frecuencia escasea en las fórmulas comerciales.

También figuran El diablo sabe tu nombre, de Andrés Beltrán; Quince, de Jack y Yossy Zagha; y Grandes Hits, de Mario Dávila, seleccionada para clausurar el encuentro. Dos proyectos, El infinito, de Fabián Archondo, y Roto, de Paco Álvarez, se presentarán como trabajos en proceso. Esta última modalidad permite observar una parte menos visible del oficio cinematográfico, cuando una película todavía está construyendo su forma definitiva y necesita encontrar interlocutores, apoyos y futuras oportunidades de exhibición.
La selección incorpora asimismo películas animadas como Un disfraz para Nicolás, Un reino para todos nosotros y Roy del Espacio, producción mexicana de 1983 que regresa a la pantalla. Su presencia recuerda que el territorio de lo fantástico puede comenzar mucho antes de que aparezca el miedo adulto. Las criaturas improbables, los mundos alternativos y las metamorfosis pertenecen también al imaginario infantil, aunque sus historias respondan a inquietudes distintas.
De Tokio a Indonesia, una geografía del miedo
Entre las propuestas internacionales destaca Bad Lieutenant: Tokyo, de Takashi Miike. Conocido por películas como Audition (1999) e Ichi the Killer (2001), el director japonés ha construido una filmografía donde la violencia suele irrumpir con una intensidad que desestabiliza las expectativas del espectador. Su nueva película sigue a un policía con deudas de juego involucrado en la investigación de la desaparición de la hija de un político. La corrupción y la desesperación personal ofrecen un territorio apropiado para un cineasta interesado en personajes que avanzan hacia situaciones cada vez más difíciles de controlar.

Desde Indonesia llega Ghost in the Cell, de Joko Anwar, ambientada en una prisión donde una presencia sobrenatural comienza a asesinar a los internos. El escenario resulta particularmente sugestivo: en un lugar construido sobre la vigilancia y el encierro, una fuerza invisible altera las jerarquías existentes. Anwar, responsable de Satan’s Slaves (2017), ha contribuido a llevar el horror indonesio hacia públicos internacionales, recuperando elementos del folclor local y trasladándolos a relatos contemporáneos.
La programación latinoamericana incluye Familia teme enfrentar una nueva noche de terror, del argentino Cristian Ponce, y La Mancha, codirigida por Adrián y Ramiro García Bogliano, que sitúa una maldición entre niños y adolescentes atrapados en un parque de diversiones. La Sección Global suma producciones procedentes de Kazajistán, Serbia, Chipre, Francia y Australia. Vista en conjunto, la selección muestra hasta qué punto el cine de género puede apropiarse de entornos cotidianos y convertirlos en escenarios de incertidumbre.
Ken Russell y las imágenes que incomodan
Uno de los acontecimientos cinematográficos de esta edición será la exhibición de The Devils (1971), de Ken Russell, en una restauración 4K sin cortes presentada mundialmente en Cannes 2026. Inspirada en acontecimientos ocurridos en la Francia del siglo XVII, la película reconstruye la persecución del sacerdote Urbain Grandier en medio de acusaciones de brujería, tensiones religiosas y disputas políticas. Su violencia visual y su tratamiento de las instituciones eclesiásticas provocaron controversias y censura desde su estreno.

La obra de Russell ocupa una posición singular dentro del cine británico. Su puesta en escena excesiva, sus composiciones teatrales y su interés por los cuerpos sometidos al poder convierten The Devils en una experiencia difícil de domesticar. El diseño de producción de Derek Jarman, con sus arquitecturas blancas y superficies casi clínicas, produce un contraste perturbador con los acontecimientos que transcurren dentro de esos espacios. Volver a verla restaurada permite apreciar la precisión formal de una película cuya reputación escandalosa ha eclipsado en ocasiones sus decisiones cinematográficas.
El programa Mórbido Classics también recuperará Das Experiment (2001), de Oliver Hirschbiegel, una historia sobre individuos sometidos a una simulación carcelaria que termina exponiendo mecanismos de obediencia y abuso. Ambas películas, aunque muy distintas, comparten una preocupación por las circunstancias en que una institución autoriza o facilita la crueldad. En ellas, los personajes descubren que el peligro puede proceder de quienes ejercen una autoridad aparentemente legítima.
Cuando los monstruos del cine mudo recuperan la voz
Entre las propuestas más curiosas aparece Silent Monsters, parte de la iniciativa Cinema Recomposed. Siete jóvenes compositores han desarrollado nuevas partituras para siete cortometrajes clásicos del horror realizados entre 1908 y 1930. El programa incluye obras como Frankenstein (1910), Dr. Jekyll and Mr. Hyde (1912), Häxan (1922) y Hell’s Bells (1929), acompañadas por una intervención musical que modifica la manera de experimentar imágenes producidas hace casi un siglo.
En el cine silente, la música ayudaba a establecer el ritmo emocional de una secuencia y podía modificar por completo la percepción de un personaje. Una misma aparición fantasmal podía resultar melancólica, amenazante o incluso cómica dependiendo del acompañamiento. Recuperar esas imágenes mediante composiciones contemporáneas abre una conversación entre dos épocas y permite descubrir cuánto permanece vigente de su imaginación visual. La función tendrá lugar el 8 de noviembre en Cinépolis Diana.

El festival más allá de la pantalla
Mórbido también reservará espacio para el documental. Dernsie: The Amazing Life of Bruce Dern recorrerá la trayectoria del actor estadounidense; Zé do Caixão abordará el universo de José Mojica Marins, figura esencial del terror brasileño, mientras Guía paranormal de la Costa Brava acompañará a la escritora argentina Mariana Enríquez a través de historias de fantasmas, creencias y supersticiones. La presencia de Enríquez establece un vínculo natural con la literatura contemporánea, donde lo sobrenatural ha encontrado nuevas maneras de representar la violencia y los temores de la vida cotidiana.
Las funciones se distribuirán entre salas comerciales, espacios universitarios, museos y centros culturales. En Morelos, el festival colaborará con Miquixtli e incluirá actividades itinerantes mediante la Carreta Cine Móvil. Casa del Lago UNAM recibirá propuestas para las infancias los días 7 y 8 de noviembre, mientras Cine Tonalá será sede de la clausura, con una doble función de Grandes Hits y la participación de su equipo creativo.
Al final, la variedad de Mórbido parece responder a una curiosidad que ha acompañado al cine desde sus primeras décadas: ¿por qué seguimos buscando imágenes que nos inquietan? Una película puede provocar horror mediante una criatura imposible; otra necesita apenas una habitación cerrada o una decisión humana llevada hasta sus últimas consecuencias. Durante doce días, esas distintas formas de inquietud compartirán pantalla. Habrá espectadores que entren para reencontrarse con un clásico censurado y otros que descubran, quizá por primera vez, una historia llegada de Indonesia o Kazajistán. En la oscuridad de la sala, cada cual tendrá que reconocer qué es aquello que verdaderamente le asusta.













































