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Fuckup Nights: las historias que no aparecen en el currículum

Este 29 de octubre, el MHM reunirá a profesionales de distintas disciplinas para hablar de errores y proyectos que no salieron como esperaban.

En una entrevista de trabajo se habla de experiencia, habilidades y proyectos realizados. En una conferencia de negocios, de crecimiento, innovación y resultados. Los perfiles profesionales suelen mostrar una sucesión de cargos, reconocimientos y fotografías tomadas en el momento preciso. Difícilmente incluyen aquel negocio que cerró después de consumir los ahorros familiares, la sociedad que terminó en una discusión o la decisión que costó varios años de trabajo. Esos episodios quedan fuera del relato público, aunque con frecuencia hayan cambiado la vida de quienes los protagonizaron.

Fuckup Nights nació de esa omisión. El movimiento, surgido en México, propone algo que todavía resulta incómodo en numerosos entornos profesionales: subir a un escenario y contar una historia propia de fracaso frente a personas desconocidas. El jueves 29 de octubre de 2026, en el marco del Festival Internacional Santa Lucía, el Auditorio del Museo de Historia Mexicana de Monterrey recibirá una edición de este encuentro, donde el error dejará de ocupar su lugar habitual en las conversaciones privadas para convertirse en el tema de la noche.

La noche en que cinco amigos decidieron hablar de sus fracasos

La historia comienza en 2012, durante una reunión informal en la Ciudad de México. Cinco amigos, reunidos alrededor de unas copas de mezcal, comenzaron a compartir experiencias empresariales que habían terminado mal. La conversación produjo un descubrimiento curioso: aunque se conocían desde hacía tiempo, apenas sabían algo de los fracasos profesionales de los demás. Habían intercambiado noticias sobre proyectos, negocios y oportunidades, mientras las experiencias menos favorables permanecían guardadas.

Entre los participantes de aquella conversación se encontraban Leticia Gasca, Luis López, Carlos Zimbrón, Pepe Villatoro y Julio Salazar. Pronto organizaron un encuentro público siguiendo una regla sencilla: los invitados debían contar una equivocación profesional y explicar qué había sucedido. La propuesta encontró una audiencia dispuesta a escuchar aquello que normalmente se elimina de las presentaciones empresariales. Con el tiempo, la iniciativa abandonó su pequeño círculo de origen, comenzó a celebrarse en otras ciudades y terminó convirtiéndose en una comunidad internacional.

Actualmente, Fuckup Nights reporta presencia en más de 250 ciudades de más de 70 países, con más de veinte mil historias compartidas y una audiencia acumulada superior al millón de asistentes. Su expansión revela una contradicción interesante: en una cultura que concede tanta importancia al éxito, existe también una enorme necesidad de escuchar cómo fracasan las personas. Las historias suelen abordar inversiones perdidas, asociaciones fallidas, productos que nadie quiso comprar, errores de cálculo y decisiones que parecían razonables hasta que dejaron de serlo.

Lo que aprendemos a ocultar

En el mundo profesional, los relatos tienden a organizarse retrospectivamente. Una persona obtiene un puesto, desarrolla un proyecto, atraviesa dificultades y finalmente alcanza un resultado que parece justificar todo el recorrido anterior. Las decisiones equivocadas, cuando aparecen, suelen convertirse en pequeñas anécdotas colocadas estratégicamente antes de un desenlace favorable. La historia adquiere una coherencia que probablemente no tuvo mientras estaba ocurriendo.

El fracaso auténtico resulta menos ordenado. Puede terminar sin una enseñanza evidente, dejar deudas difíciles de pagar o deteriorar relaciones que nunca se recuperan. A veces la persona comprende su error muchos años después; otras veces sigue sin saber qué habría podido hacer de manera distinta. Reconocerlo exige renunciar, aunque sea por unos minutos, al control sobre la propia imagen. También supone admitir que el esfuerzo, la preparación y las buenas intenciones no garantizan resultados favorables.

Esta incomodidad explica buena parte del atractivo de Fuckup Nights. Sus participantes hablan desde la distancia que les permite haber sobrevivido a una experiencia difícil, aunque esa distancia varía considerablemente entre una historia y otra. Hay relatos que provocan carcajadas por lo absurdo de las circunstancias; otros dejan al público frente a preguntas sobre responsabilidad, privilegio y consecuencias. El humor puede ayudar a contar una equivocación, pero no siempre reduce su costo.

Conviene detenerse en una limitación del formato. Quien puede presentarse ante un auditorio para contar su fracaso suele haber encontrado alguna forma de continuar su trayectoria. Es posible que tenga una empresa nueva, otro empleo o suficiente estabilidad para mirar atrás. Muchas personas que pierden su negocio, su patrimonio o su carrera carecen de esa posibilidad. Sus historias permanecen fuera de los escenarios, precisamente porque el fracaso todavía pesa demasiado sobre ellas.

Monterrey y la cultura de los resultados

La llegada de Fuckup Nights al Festival Internacional Santa Lucía tiene una resonancia particular en Monterrey. La ciudad ha construido una parte importante de su identidad alrededor de la industria, el emprendimiento y la capacidad empresarial. Sus universidades forman profesionales acostumbrados a presentar proyectos, defender indicadores y competir por oportunidades. En ese ambiente, reconocer públicamente una decisión equivocada puede resultar especialmente revelador.

Detrás de una empresa que prospera existen intentos que quedaron archivados, presupuestos que no alcanzaron y productos que nunca llegaron al mercado. Las trayectorias creativas tienen sus propias versiones de ese proceso: propuestas rechazadas, exposiciones canceladas, textos que nadie quiso publicar y colaboraciones que terminaron antes de producir una sola obra. El error atraviesa disciplinas muy distintas, aunque cada profesión haya desarrollado maneras particulares de ocultarlo o justificarlo.

Celebrar estas conversaciones dentro del Museo de Historia Mexicana permite ampliar el marco habitual de los encuentros empresariales. Los museos conservan objetos y documentos que ayudan a reconstruir procesos sociales, incluidos aquellos cuyos resultados no coincidieron con las expectativas de sus protagonistas. Al abrir sus espacios a una conversación sobre experiencias profesionales fallidas, el recinto incorpora otra forma de examinar cómo se construyen las historias que una comunidad decide recordar.

El escenario y la conversación después del escenario

El formato de Fuckup Nights gira alrededor de testimonios personales. Quienes participan comparten decisiones que salieron mal, explican las circunstancias que las rodearon y revisan sus consecuencias frente al público. El interés está en escuchar los detalles que difícilmente aparecerían en una biografía corporativa: el momento en que alguien ignoró una advertencia, la confianza depositada en un socio o aquella reunión durante la cual quedó claro que un proyecto ya no podía sostenerse.

La comunidad de Fuckup Nights Monterrey también ha desarrollado un espacio denominado Antinetworking Time, concebido para prolongar las conversaciones después de las presentaciones. Su intención es modificar la dinámica habitual de los encuentros profesionales, donde muchas conversaciones comienzan con una pregunta sobre el cargo o la empresa de la otra persona. El planteamiento invita a establecer relaciones desde experiencias compartidas y conversaciones menos calculadas. Aunque forma parte de otras ediciones locales, su realización específica durante la jornada del Festival Santa Lucía debe confirmarse con los organizadores.

La propuesta contiene una dificultad que vale la pena conservar a la vista. Incluso la vulnerabilidad puede convertirse en una forma de presentación personal. Una equivocación narrada con ingenio, rematada con una lección convincente y recibida entre aplausos corre el riesgo de transformarse en una nueva credencial de éxito. El verdadero interés de estas conversaciones aparece cuando permiten admitir responsabilidades concretas, escuchar experiencias ajenas y aceptar que algunas preguntas continuarán abiertas después del evento.

La posibilidad de contar otra historia

La promesa de aprender de los errores ajenos resulta atractiva, aunque cada fracaso depende de circunstancias difíciles de reproducir. La decisión que arruinó una empresa puede ser perfectamente razonable en otro contexto. Lo que una persona identifica como falta de preparación quizá estuvo condicionado por información incompleta o por cambios que nadie podía prever. Escuchar esas historias no proporciona fórmulas universales, pero permite reconocer señales que habitualmente pasan inadvertidas cuando todo parece funcionar.

También cambia la relación entre quien habla y quien escucha. En las conferencias tradicionales, el público suele encontrarse frente a personas cuyos resultados desea alcanzar. En Fuckup Nights, la distancia puede reducirse mediante una experiencia común: casi todos conocen la sensación de haber tomado una mala decisión, decepcionado a alguien o dedicado demasiado tiempo a una idea que finalmente abandonaron. La diferencia está en la disposición para reconocer esos episodios delante de otros.

El encuentro de Monterrey ofrece una oportunidad para escuchar relatos que normalmente quedan fuera de las conversaciones profesionales. Algunos asistentes encontrarán experiencias parecidas a las propias; otros descubrirán cuánto pueden cambiar las consecuencias de un error según los recursos, las redes de apoyo o las responsabilidades de cada persona. Quizá el aspecto más interesante sea precisamente ese: comprender que las equivocaciones no ocurren en condiciones iguales y que la posibilidad de comenzar otra vez también está distribuida de manera desigual.

El jueves por la noche, cuando las personas invitadas terminen sus intervenciones y el público abandone el auditorio, sus historias volverán a pertenecerles. Algunas quizá aparezcan después en conversaciones de oficina, en una decisión postergada o en el recuerdo de alguien que acaba de perder un proyecto. Los currículums seguirán teniendo sus apartados habituales, dedicados a experiencia y logros. Todavía no existe una sección ampliamente aceptada para explicar todo lo que salió mal antes de llegar hasta allí.

Fuckup Nights en Monterrey: fecha, sede y acceso

La edición de Fuckup Nights del Festival Internacional Santa Lucía se realizará el jueves 29 de octubre de 2026 en el Auditorio del Museo de Historia Mexicana, ubicado en Doctor Coss 445 Sur, en el Centro de Monterrey. La actividad es gratuita. El cartel de Fuckup Nights y su agenda internacional señalan las 7:30 p. m., mientras que el Museo y la agenda oficial del Gobierno de Nuevo León publican las 7:00 p. m. Se recomienda confirmar el horario definitivo con la sede y llegar con anticipación.

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