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Historia

Guy Fawkes: de traidor a símbolo de la rebeldía

Cuatro siglos después de intentar volar el Parlamento inglés, su rostro aún aparece en las calles. ¿Cómo pasó de conspirador a emblema de protesta?

Remember, remember the fifth of November

La noche del 4 de noviembre de 1605, un hombre aguardaba bajo la Cámara de los Lores, en Londres, entre leña apilada y barriles de pólvora. Se hacía llamar John Johnson, aunque su nombre era Guy Fawkes. Había recibido el encargo de encender los explosivos al día siguiente, cuando el rey Jacobo I acudiera a la apertura del Parlamento. De haberse llevado a cabo, la detonación habría matado al monarca y a buena parte de la dirigencia política inglesa. Pero aquella noche, durante una inspección ordenada por las autoridades, Fawkes fue descubierto y arrestado. El atentado que debía cambiar el destino de Inglaterra terminó antes de que pudiera encenderse la mecha. 

Más de cuatro siglos después, su rostro continúa apareciendo en las calles de Londres, Hong Kong o Nueva York, aunque pocos de quienes lo llevan conocen la historia del hombre que lo inspiró. La máscara blanca, de mejillas sonrosadas, bigote curvado y sonrisa enigmática, ha circulado por manifestaciones, comunidades digitales y movimientos de protesta hasta convertirse en uno de los símbolos políticos más reconocibles de nuestro tiempo. Su recorrido resulta desconcertante: durante generaciones, los ingleses celebraron la derrota de Fawkes quemando su efigie; hoy, miles de personas se cubren con una versión de su cara para expresar su inconformidad con el poder.

El sótano situado bajo la Cámara de los Lores, representado por William Capon en 1799. En este espacio, Guy Fawkes y sus compañeros ocultaron la pólvora destinada a destruir el Parlamento inglés.

Una Inglaterra dividida por la fe

Para comprender la conspiración es necesario regresar a una Inglaterra donde la religión determinaba la vida pública. Después de la ruptura de Enrique VIII con Roma y las sucesivas reformas de la Iglesia inglesa, los católicos habían quedado sometidos a restricciones cada vez más severas. Celebrar misa podía exigir discreción, los sacerdotes católicos enfrentaban persecución y las familias que se negaban a asistir a los servicios anglicanos se exponían a multas capaces de arruinar sus fortunas. La llegada de Jacobo I al trono, en 1603, despertó esperanzas de una mayor tolerancia, pero las políticas contra los católicos permanecieron en vigor. 

Entre quienes consideraban insuficiente cualquier posibilidad de conciliación estaba Robert Catesby, un caballero católico de Warwickshire que comenzó a reunir a hombres dispuestos a recurrir a la violencia. Su proyecto consistía en destruir la Cámara de los Lores durante la apertura del Parlamento, eliminar al rey y provocar una crisis que permitiera modificar el orden religioso del reino. Guy Fawkes, nacido en York y convertido al catolicismo durante su juventud, había combatido en los Países Bajos al servicio de las fuerzas españolas. Su experiencia militar y su conocimiento de los explosivos lo convirtieron en una pieza útil para el grupo. Aunque la posteridad terminaría atribuyéndole el protagonismo, Catesby había sido el principal impulsor de la conspiración. 

La elección del Parlamento como objetivo respondía a un cálculo preciso. Allí se reunirían el monarca, los principales representantes del gobierno y miembros de la aristocracia. Los conspiradores estaban dispuestos a causar numerosas muertes para alcanzar sus objetivos, incluso entre personas que compartían su religión. La violencia de aquel proyecto, nacida en un contexto de persecución, complicaría siglos después cualquier intento de convertir a Fawkes en un héroe sin contradicciones.

Ocho de los trece participantes de la Conspiración de la Pólvora, representados en un grabado de Crispijn van de Passe. Guy Fawkes aparece junto a Robert Catesby, principal organizador del atentado.

Treinta y seis barriles de pólvora

Los conspiradores consiguieron acceso a un espacio situado bajo la Cámara de los Lores, donde almacenaron treinta y seis barriles de pólvora ocultos entre leña. La fecha elegida fue el 5 de noviembre de 1605, día en que estaba prevista la ceremonia de apertura del Parlamento. Fawkes permanecería cerca de los explosivos para encenderlos y escapar antes de la detonación. El resto del grupo se preparaba para actuar después del atentado, cuando la desaparición del rey y de sus principales autoridades sumiera al reino en una crisis sucesoria.

El plan comenzó a desmoronarse el 26 de octubre, cuando William Parker, lord Monteagle, recibió una carta anónima que le aconsejaba mantenerse alejado del Parlamento. Su autor advertía que los asistentes recibirían un golpe terrible sin llegar a ver quién los había herido. Monteagle entregó la misiva a Robert Cecil, conde de Salisbury y principal ministro del rey. La identidad del remitente continúa siendo motivo de discusión entre historiadores; Francis Tresham, uno de los conspiradores y cuñado de Monteagle, figura entre los sospechosos, aunque nunca se ha demostrado que escribiera la advertencia. 

Carta anónima recibida por lord Monteagle en octubre de 1605, cuya advertencia permitió descubrir la Conspiración de la Pólvora. La identidad de su autor continúa siendo desconocida.

Los hombres de Catesby supieron que la carta había llegado a las autoridades y discutieron la posibilidad de abandonar el atentado. Decidieron continuar. El 4 de noviembre, una primera inspección encontró a Fawkes junto a una considerable cantidad de leña; sus explicaciones parecieron suficientes para dejarlo marchar. Durante una segunda búsqueda, realizada más tarde, los funcionarios descubrieron la pólvora y lo detuvieron. Llevaba encima elementos que podían servir para encenderla. El nombre de John Johnson quedó registrado en los primeros documentos del arresto, pero pronto se conocería la identidad del hombre encargado de hacer estallar el Parlamento. 

El hombre que terminó en la hoguera

Fawkes fue trasladado a la Torre de Londres e interrogado durante varios días. Inicialmente se negó a revelar los nombres de sus compañeros, una resistencia que impresionó incluso a algunos de sus enemigos. El 6 de noviembre, Jacobo I autorizó expresamente el uso de la tortura para obtener una confesión. Entre los documentos conservados de aquellos interrogatorios destaca la firma de Fawkes del 9 de noviembre, apenas reconocible frente a la seguridad de su escritura anterior. Su deterioro permite imaginar algo de lo que ocurrió tras las puertas de la prisión. 

Mientras tanto, las autoridades perseguían a los demás conspiradores. Catesby murió durante un enfrentamiento armado en Staffordshire y varios de sus colaboradores fueron capturados. Los ocho supervivientes juzgados en enero de 1606 recibieron sentencia de muerte por alta traición. Fawkes fue ejecutado el 31 de enero en Old Palace Yard, Westminster. Según un testimonio contemporáneo, se rompió el cuello al caer desde la escalera del cadalso, evitando sufrir con vida el resto de la pena de destripamiento y descuartizamiento. 

Grabado de comienzos del siglo XVII que representa las ejecuciones de los participantes en la Conspiración de la Pólvora. Guy Fawkes fue condenado por alta traición y ejecutado en Westminster el 31 de enero de 1606.

El fracaso de la conspiración se convirtió rápidamente en motivo de celebración. En 1606, el Parlamento estableció una conmemoración anual de agradecimiento por la supervivencia del rey, acompañada con el tiempo por campanas, hogueras y fuegos artificiales. La tradición, conocida como Bonfire Night o Guy Fawkes Night, fue adquiriendo un carácter popular. Durante distintas épocas se quemaron figuras del papa, del diablo y, posteriormente, del propio Fawkes, cuya imagen acabó representando al conspirador derrotado. La ceremonia sobrevivió a las leyes que la habían establecido y continúa celebrándose cada 5 de noviembre en distintas localidades británicas. 

De las hogueras a V de Vendetta

El cambio más inesperado en la memoria de Fawkes ocurrió durante el siglo XX, lejos de las celebraciones tradicionales. En 1982, el escritor Alan Moore y el dibujante David Lloyd comenzaron a publicar V de Vendetta en la revista británica Warrior. La historieta imaginaba una Inglaterra sometida a un régimen fascista, donde un personaje misterioso, conocido únicamente como V, emprendía una campaña contra el gobierno. Vestía capa y sombrero negros y ocultaba su identidad detrás de una máscara inspirada en Guy Fawkes. 

La decisión gráfica fue decisiva. Lloyd había querido utilizar las máscaras populares asociadas a las celebraciones del 5 de noviembre, pero trabajaba durante el verano y no consiguió encontrar una que pudiera servirle de modelo. Terminó dibujándola a partir de sus recuerdos. Según explicó años después, aquella sonrisa tan característica surgió accidentalmente de su interpretación del rostro y de la forma del bigote. El resultado fue una imagen de expresión ambigua, tan inquietante como fácilmente reconocible. 

La adaptación cinematográfica estrenada en 2006, dirigida por James McTeigue, amplificó su alcance. En una de sus secuencias más recordadas, una multitud de ciudadanos aparece usando máscaras idénticas mientras avanza hacia el Parlamento. El anonimato individual queda absorbido por una imagen colectiva. El antiguo conspirador católico, cuya efigie había sido consumida durante siglos por las hogueras, regresaba transformado en el rostro de una insurrección ficticia.

Participantes de Occupy London con máscaras inspiradas en V de Vendetta, durante una protesta en octubre de 2011. El diseño creado por David Lloyd para la novela gráfica de Alan Moore adquirió una nueva vida en las manifestaciones contemporáneas.

Un rostro para quienes desafían al poder

La máscara pronto escapó de las páginas del cómic y de las salas de cine. En 2008 comenzó a aparecer entre integrantes del colectivo Anonymous durante las protestas contra la Iglesia de la Cienciología. Posteriormente se extendió a las movilizaciones de Occupy Wall Street y a manifestaciones en distintos países, donde permitió a personas con causas e ideologías diferentes adoptar una identidad visual compartida. Su sonrisa fija resultaba especialmente eficaz en fotografías: podía reproducirse cientos de veces sin que desapareciera su singularidad. 

Participantes de Occupy London con máscaras inspiradas en V de Vendetta, durante una protesta en octubre de 2011. El diseño creado por David Lloyd para la novela gráfica de Alan Moore adquirió una nueva vida en las manifestaciones contemporáneas.

El propio Lloyd observó con interés aquel desplazamiento. En entrevistas posteriores explicó que la máscara había adquirido una función que sobrepasaba las intenciones originales de sus creadores, pues podía expresar resistencia frente a distintas formas de autoridad sin quedar vinculada a una organización específica. Su popularidad también introdujo una contradicción comercial: un objeto asociado con la crítica al poder podía comprarse como mercancía y reproducirse industrialmente. 

¿A quién recordamos cada 5 de noviembre?

La transformación de Guy Fawkes plantea una dificultad histórica que conviene mantener a la vista. El hombre detenido en 1605 pertenecía a una conspiración religiosa dispuesta a asesinar al rey y a numerosas personas reunidas en el Parlamento. La máscara que hoy aparece en manifestaciones procede, en cambio, de una ficción política escrita casi cuatrocientos años después. Entre ambas figuras se encuentran siglos de celebraciones, castigos ejemplares, cambios religiosos y reinterpretaciones artísticas.

Una efigie de Guy Fawkes durante las celebraciones de Bonfire Night en Lewes, Inglaterra, el 5 de noviembre de 2005. La tradición conserva el recuerdo del atentado frustrado de 1605.

Cada 5 de noviembre, en algunos jardines británicos todavía se encienden hogueras y se contempla el cielo iluminado por fuegos artificiales. En otras ciudades, una máscara blanca puede aparecer frente a un edificio gubernamental, sostenida por alguien que quizá nunca ha escuchado el nombre de Robert Catesby ni conoce la carta recibida por lord Monteagle. La fecha sigue siendo la misma; su significado depende de quién la recuerde y de lo que esté dispuesto a hacer con aquella historia.

Hay un último detalle: la linterna que, según la tradición, llevaba Fawkes cuando fue arrestado se conserva en el Ashmolean Museum de Oxford. Es un objeto pequeño, de metal, muy distante de las máscaras producidas en serie. La pólvora nunca llegó a explotar, pero aquella noche dejó una huella que todavía encuentra nuevas formas de aparecer. 

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