A las 8:10 de la noche, el telón de cristal diseñado por Tiffany comenzó a elevarse en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes. Del otro lado esperaba una escena que, hasta hace poco, habría parecido difícil de imaginar: una orquesta vestida de negro, más de treinta músicos sobre el escenario y Mike Patton dispuesto a cantar en italiano. En las butacas podían verse camisetas de Faith No More y Mr. Bungle, manos haciendo cuernos metaleros y seguidores que conocen al estadounidense por algunas de las zonas más estridentes de su carrera. Entonces comenzó Il cielo in una stanza, la canción que Gino Paoli escribió en 1960, y durante los siguientes noventa minutos aquel público entró en un repertorio que había pertenecido a otra generación.
La escena resume bastante bien lo ocurrido el 1 de octubre en Ciudad de México. Patton llegó a Bellas Artes con Mondo Cane, el proyecto que desde 2010 le permite regresar a la canción italiana de mediados del siglo XX acompañado por arreglos orquestales. El concierto agotó localidades y formó parte del Circuito Cervantino, antes de que el músico viajara a Guanajuato para inaugurar, dos noches después, la edición 54 del Festival Internacional Cervantino en la Alhóndiga de Granaditas. Entre ambos escenarios quedaba una pregunta que ha seguido a Patton durante buena parte de su carrera: qué puede hacer una voz cuando deja de obedecer las fronteras del género musical.
Cuando se levantó el Tiffany
Patton apareció vestido de negro, con el cabello largo recogido en una trenza. Cerca estaban el director Cheche Alara, el bajista Dario Rosciglione, Alessandro Stefana en la guitarra, Scott Amendola en la batería, Enrico Gabrielli en los vientos, Olivia Mainville en el theremín y William Winant en la percusión, además de teclados, electrónica, coro y una sección de cuerdas mexicanas. La escala del ensamble permitía entender desde los primeros minutos qué clase de espectáculo había llegado a Bellas Artes: aquellas canciones antiguas iban a conservar sus melodías, aunque alrededor de ellas podían ocurrir muchas otras cosas.
Después de Il cielo in una stanza aparecieron Che notte!, Ore d’amore y 20 km al giorno. Más adelante llegarían Urlo negro, Deep Down de Ennio Morricone y Senza fine, entre otras piezas. La voz de Patton podía acercarse al crooner, volverse áspera unos compases después o atravesar la orquesta con uno de esos cambios de intensidad que han convertido su registro vocal en parte inseparable de su reputación. La Jornada describió la noche como un territorio donde las fronteras entre la canción italiana, el rock y hasta el metal terminaron por volverse difusas.
Había también algo extraño en la relación entre ese repertorio y el recinto. Bellas Artes carga inevitablemente con cierta solemnidad; Patton, en cambio, ha construido una carrera a partir de la sospecha frente a cualquier lugar demasiado cómodo. La combinación funcionó precisamente porque ninguno tuvo que disfrazarse del otro. El músico podía jugar con una canción de los sesenta sin convertirla en una reliquia y la orquesta podía acompañarlo sin que aquello terminara pareciendo un ejercicio de legitimación sinfónica del rock.
En algún momento apareció incluso Balada triste de trompeta, composición de Franco Pisano conocida en español por la interpretación de Raphael. Era otra pequeña desviación dentro de una noche construida a partir de ellas. Patton llevaba décadas saltando entre escenas musicales que rara vez comparten público; en Bellas Artes, esos desplazamientos comenzaron a parecer menos una colección de excentricidades que una manera particular de escuchar.
El extraño mundo de Mondo Cane
Para comprender por qué Mike Patton terminó cantando a Gino Paoli en el Palacio de Bellas Artes hay que regresar a Italia. Mondo Cane apareció como álbum en 2010, aunque el proyecto había comenzado algunos años antes, después de que Patton viviera una temporada en Bolonia. En lugar de acercarse al repertorio italiano desde sus canciones internacionalmente más reconocibles, buscó composiciones de las décadas de 1950 y 1960 y las llevó hacia arreglos capaces de convivir con una orquesta, guitarras, percusiones y electrónica.
El título ya contenía una pequeña provocación. Mondo cane —“mundo perro”— fue también el nombre del polémico documental italiano estrenado en 1962 por Gualtiero Jacopetti, Paolo Cavara y Franco Prosperi, una película que convirtió imágenes de costumbres y rituales de distintos lugares del mundo en un espectáculo deliberadamente sensacionalista. Patton tomó esas palabras para un proyecto mucho más afectuoso con el material que recuperaba, aunque conservó cierta fascinación por lo excesivo, lo cinematográfico y aquello que puede resultar elegante y extraño al mismo tiempo.

Él mismo ha explicado que su intención al volver a estas canciones no consiste en reconstruir el pasado por nostalgia. Le interesa demostrar, mediante una interpretación contemporánea, que esa música conserva vitalidad. La diferencia importa: Mondo Cane funciona mejor cuando las canciones dejan de sentirse como piezas preservadas detrás de un cristal y recuperan algo de la imprevisibilidad que alguna vez tuvieron.
Esa aproximación encaja con una trayectoria difícil de resumir sin convertirla en inventario. Para buena parte del público, Patton sigue siendo la voz de Faith No More, banda a la que se incorporó a finales de los ochenta y con la que grabó discos como The Real Thing y Angel Dust. Paralelamente continuó con Mr. Bungle, el grupo que había formado durante la adolescencia y cuya música podía cambiar radicalmente de lenguaje dentro de una misma canción. Después vinieron proyectos como Fantômas, Tomahawk, Peeping Tom, Lovage y Dead Cross, además de bandas sonoras, colaboraciones y el sello Ipecac Recordings.
En ese recorrido, Mondo Cane ocupa un sitio particular porque permite escuchar su curiosidad musical sin la protección del ruido. Hay melodías muy conocidas en Italia, arreglos amplios y momentos en los que una voz capaz de producir sonidos extremos simplemente tiene que sostener una canción. Quizá por eso el proyecto resulta revelador: después de tantos años celebrando todo lo que Patton puede hacer con la garganta, Bellas Artes permitió escuchar también cuánto puede hacer cuando decide contenerla.
De Gino Paoli a Juan Gabriel
Cerca del final del programa, Patton habló al público. Era la primera vez que Mondo Cane se presentaba en México y también la primera ocasión del músico con este proyecto en Bellas Artes. Dijo sentirse honrado de estar allí y confesó que estaba a punto de llorar. Después llegó Senza fine/Sole malato, salió del escenario y la sala comenzó a pedir otra canción. Cuando regresó, el idioma había cambiado.
Patton cantó La Llorona y al terminar mencionó a Chavela Vargas. La elección tenía sentido dentro de su relación previa con la música mexicana, pero en Bellas Artes adquiría otro peso: unas horas antes estaba cantando piezas italianas que había descubierto y estudiado durante años; ahora entraba en una canción cuya historia ha sobrevivido precisamente porque cada generación la vuelve a cantar de manera distinta. Después apareció Retrovertigo, de Mr. Bungle, y durante la interpretación entró el Mariachi Gama 1000. La distancia entre ambos mundos, de pronto, cabía sobre el mismo escenario.

Todavía quedaban dos canciones. Luz de luna, de Álvaro Carrillo, llevó la noche hacia otra zona de la canción mexicana. Para el final Patton eligió Hasta que te conocí, de Juan Gabriel. La reacción del público fue inmediata y difícilmente podía ser de otra manera en ese edificio: Juan Gabriel había ofrecido allí, en 1990, uno de los conciertos más recordados de su carrera, acompañado por la Orquesta Sinfónica Nacional. Treinta y seis años después, un cantante estadounidense conocido por pasar del metal experimental al pop italiano regresaba a esa canción acompañado por mariachi.
Hay homenajes que funcionan porque reproducen cuidadosamente aquello que admiran y otros que encuentran su sentido en la distancia. Patton pertenece a los segundos. Su español conserva acento, su relación con La Llorona viene atravesada por Chavela y su interpretación de Juan Gabriel difícilmente podría confundirse con la original. Precisamente allí estaba el interés: escuchar cómo una canción extremadamente familiar podía pasar por una voz ajena y regresar ligeramente desplazada.
Un músico que sigue cambiando de habitación
Dos días después de Bellas Artes, Patton volvió a presentar Mondo Cane, esta vez frente a la Alhóndiga de Granaditas. El concierto del 3 de octubre abrió oficialmente el 54 Festival Internacional Cervantino, cuya programación se extenderá hasta el 18 de octubre con 212 funciones y artistas procedentes de 29 países. La elección de Patton para inaugurar el encuentro resultaba coherente con una edición construida alrededor de la circulación entre geografías y lenguajes: el propio espectáculo reunía músicos de distintas procedencias y un repertorio italiano reinterpretado por un estadounidense que acababa de incorporar canciones mexicanas. Pero la imagen que permanece ocurre dos noches antes, bajo el Tiffany.

Durante décadas, una parte de la fascinación alrededor de Mike Patton ha consistido en preguntarse qué hará después. La pregunta puede volverse una caricatura cuando cada cambio de proyecto se presenta como prueba de extravagancia. En Bellas Artes ocurrió algo más sencillo. Un músico de 58 años regresó a canciones escritas mucho antes de que comenzara su carrera, se colocó frente a una orquesta y confió en ellas. Cuando llegó el momento de abandonar Italia, encontró el camino hacia México en La Llorona, Álvaro Carrillo y Juan Gabriel.
Quizá la escena más precisa de la noche estuviera en las butacas: seguidores de Mr. Bungle y Faith No More escuchando canciones que algunos de sus abuelos podrían haber conocido cuando eran nuevas. Mike Patton lleva buena parte de su vida cambiando de habitación; aquella noche entró en una de las más imponentes de México y, cuando finalmente se levantó el telón, volvió a demostrar que su voz todavía puede hacer que géneros separados por décadas y kilómetros terminen sentados a la misma mesa.






























































