Graciela Iturbide no necesita presentación, pero esta vez el contexto la vuelve a decir distinta. En C/O Berlin, uno de los espacios más relevantes dedicados a la fotografía contemporánea en Europa, se despliega Eyes to Fly With, la primera gran retrospectiva de la artista en la capital alemana.
La exposición —que reúne más de 250 imágenes— no solo recorre su obra: la ordena, la respira, la vuelve a mirar. A lo largo de cinco décadas, Iturbide ha construido un lenguaje visual que se mueve entre lo documental y lo profundamente íntimo, entre el registro y una especie de contemplación silenciosa. Su cámara no irrumpe: observa, espera, se acerca con respeto.
En ese trayecto aparecen sus temas esenciales: la identidad, el ritual, la muerte, lo femenino, las tensiones entre tradición y modernidad. Pero lo que hace única su mirada no es solo lo que fotografía, sino cómo lo habita. Hay en sus imágenes una cualidad casi mística —una forma de detener el tiempo para revelar algo que siempre estuvo ahí, pero no sabíamos ver.
Que esta retrospectiva suceda en Berlín no es un gesto menor. Es una confirmación. La obra de Iturbide ya no se lee únicamente desde su contexto latinoamericano, sino como parte de una conversación global sobre la imagen, la memoria y lo simbólico. Su trabajo ha cruzado fronteras sin perder raíz, y ahí radica gran parte de su fuerza.
Eyes to Fly With también permite ver más allá de las imágenes icónicas. En ese conjunto amplio aparecen fotografías menos conocidas, donde su mirada se vuelve más introspectiva, más espiritual incluso. Es ahí donde la obra se abre: no como archivo, sino como experiencia.
Hay fotógrafos que capturan el mundo.
Y hay otros —como Iturbide— que lo transforman en algo que se siente, aunque no se pueda explicar del todo.
Mesa editorial | BrúxulaNews💫



























































