Durante nueve días, los pasillos de Cintermex se llenaron de lectores que caminaban entre novedades editoriales, buscaban la firma de algún autor o se detenían frente a una portada desconocida. Hubo quienes llegaron con una lista de libros y quienes terminaron comprando algo que encontraron por casualidad. Entre presentaciones, conversaciones y encuentros que continuaban después de cada actividad, la Feria Internacional del Libro Monterrey volvió a reunir a buena parte de la comunidad literaria del norte del país.
La trigésima cuarta edición concluyó el domingo 18 de octubre con 501,982 visitantes, una cifra que confirma la capacidad de convocatoria de uno de los encuentros editoriales más importantes de México. Según el balance presentado por sus organizadores, la FIL Monterrey 2026 reunió a 700 autores de 15 países, ofreció 634 eventos y contó con la participación de 502 sellos editoriales distribuidos entre sus espacios de exhibición.
La ceremonia de clausura dejó también una noticia para el próximo año: España será el país invitado de honor de la FIL Monterrey 2027, con un programa especialmente dedicado a la Generación del 27. El anuncio abre la posibilidad de explorar los intercambios literarios entre ambos países, las consecuencias culturales del exilio republicano y la permanencia de autores cuya obra continúa encontrando lectores a un siglo de distancia.
Nueve días de libros y conversaciones
Los números de una feria permiten dimensionar su alcance, aunque difícilmente cuentan lo que sucede entre los lectores y los libros. Las 634 actividades celebradas durante esta edición incluyeron presentaciones editoriales, encuentros con autores, conciertos y propuestas culturales que extendieron la programación hacia otros espacios de Monterrey.
Durante la ceremonia de cierre, Henoc de Santiago, director de la FIL Monterrey, agradeció el trabajo de los expositores, colaboradores y voluntarios que participaron en la organización. Mario Adrián Flores, vicerrector del Tecnológico de Monterrey, destacó la importancia de conservar los espacios de encuentro presencial en una época marcada por las interacciones digitales. «Los espacios humanos son oro molido, hoy en día valen más que nunca», expresó.

El Colegio Nacional, institución invitada de honor de 2026, presentó una programación que incluyó diez actividades editoriales, además de conciertos, proyecciones audiovisuales y encuentros realizados en colaboración con espacios como el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) y la Cineteca de Nuevo León. Su participación amplió el recorrido habitual de la feria y permitió establecer vínculos entre la literatura y otras disciplinas artísticas.
Carmen Junco, presidenta de la FIL Monterrey, presentó los resultados generales del encuentro y recordó la responsabilidad cultural de una feria de estas dimensiones. «Una feria del libro debe generar conversaciones, conectar comunidades y ampliar el acceso a la cultura», señaló durante la clausura.
La actividad editorial se reflejó en 592 stands y 209 expositores, mientras que el registro de Metabooks contabilizó 25,803 libros pertenecientes a los catálogos vinculados con la feria. Detrás de esas cifras conviven proyectos de distinta escala, desde sellos con redes internacionales de distribución hasta editoriales independientes que encuentran en estos encuentros la oportunidad de conversar directamente con sus lectores.
Para muchas de ellas, la feria también funciona como un escaparate que permite descubrir catálogos difíciles de encontrar durante el resto del año. La posibilidad de hojear un libro, comparar ediciones y preguntar por el trabajo de una editorial sigue teniendo un valor particular en un mercado donde buena parte de las recomendaciones circula a través de pantallas.
Una feria que también pertenece a sus lectores más jóvenes
Una de las cifras más reveladoras de la edición 2026 corresponde a la participación escolar. Durante los nueve días de actividades, la FIL Monterrey recibió a 439 escuelas y 37,412 estudiantes, una presencia que confirma la importancia de los programas educativos dentro de su organización.
El Programa Juvenil reunió a 20,350 estudiantes de secundaria, preparatoria y universidad, mientras que el Pabellón de la Niñez, coordinado por la Secretaría de Cultura de Nuevo León, mantuvo una programación orientada al acercamiento de los niños a la lectura.
El boletín de clausura ofrece dos cifras distintas sobre este último espacio: en uno de sus apartados reporta 65,450 asistentes y posteriormente señala una participación superior a 103 mil personas. La diferencia requiere una aclaración de los organizadores antes de establecer un balance definitivo sobre la asistencia al pabellón.

Más allá de ese dato pendiente, la participación de las comunidades escolares permite observar una de las funciones culturales más duraderas de una feria del libro. Para muchos estudiantes, estas visitas representan una oportunidad de entrar en contacto con escritores, ilustradores y editoriales que hasta entonces solo conocían a través de las páginas de un libro.
También ofrecen una experiencia compartida alrededor de la lectura. Los jóvenes recorren los stands con sus compañeros, eligen sus propias lecturas y descubren géneros que quizá no aparecen en las bibliotecas escolares. En ocasiones, un libro comprado durante una excursión termina siendo el comienzo de una relación que continúa mucho después de que la feria ha cerrado sus puertas.
Literatura, memoria y nuevas maneras de mirar la ciudad
La última jornada de la FIL Monterrey reunió propuestas que muestran la variedad de intereses presentes en su programación. La escritora Jazmina Barrera presentó Cuaderno de faros, una colección de ensayos dedicada a esas construcciones que han acompañado sus viajes, lecturas y recuerdos. En conversación con la promotora cultural regiomontana Irasema Corpus, Barrera regresó a un objeto que atraviesa la historia de la navegación y que también ha ocupado un lugar particular en la imaginación literaria.
La poesía tuvo presencia mediante el encuentro «Me estremezco en breves destellos. La poesía erótica y sensorial tsotsil y ch’ol de Ruperta Bautista y Juana Karen Peñate», presentado por Sara Uribe. La actividad abrió un espacio para escuchar las posibilidades expresivas de lenguas indígenas cuya producción literaria continúa ampliando el panorama de la poesía contemporánea en México.
Entre otras presentaciones destacó Nosotras también contamos. Mujeres célebres del México antiguo, obra presentada por Mónica Castellanos, María de Alva, Gabriela Cantú Westendarp, Sofía Segovia y Liliana Melo de Sada. El libro recupera mediante relatos las historias de mujeres que participaron en la vida social y cultural del país, poniendo atención en figuras cuya presencia ha quedado frecuentemente relegada dentro de las narraciones históricas.

La reflexión filosófica estuvo representada por Valeria Campos Salvaterra, quien presentó De qué hablamos cuando hablamos de violencia: una propuesta filosófica, mientras que César González abordó el legado de H. P. Lovecraft mediante Narraciones de lo desconocido. Hablemos de H. P. Lovecraft, publicado por Ediciones Tecnológico de Monterrey.
La relación entre literatura y artes visuales encontró una expresión particular en Lorca York, proyecto del diseñador gráfico Iván Onatra. La exposición, instalada durante los nueve días de feria, propuso un recorrido fototipográfico por Nueva York a partir de la mirada de Federico García Lorca. Onatra presentó también los libros gráficos Lorca York y Macondo York, este último relacionado con la ciudad estadounidense a través de la vida y la obra de Gabriel García Márquez, en una conversación que contó con la participación de Leonardo Padura y Miguel Acevedo.
La programación concluyó con «La apertura infinita. Conversación con Hugo Mujica», encuentro organizado por la editorial Vaso Roto, uno de los sellos que también participarán en la programación de 2027.
España y la Generación del 27: el siguiente capítulo
El anuncio de España como país invitado de honor introduce un horizonte especialmente atractivo para la edición de 2027. La próxima FIL Monterrey coincidirá con tres aniversarios: los 35 años de la feria, el medio siglo del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y España y el centenario de la Generación del 27.
Durante la ceremonia, Judith Ruiz Godoy, decana nacional de la Escuela de Humanidades y Educación del Tecnológico de Monterrey, dio a conocer la designación junto con Eva de Mingo, consejera científica y cultural de la Embajada de España en México. La representante diplomática subrayó los vínculos históricos que unen a ambos países mediante su lengua y su memoria cultural.
La Generación del 27 constituye uno de los episodios más estudiados de la literatura española del siglo XX. Su nombre remite al homenaje a Luis de Góngora celebrado en 1927, que reunió a escritores vinculados con las búsquedas estéticas de su tiempo. Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Pedro Salinas y Jorge Guillén figuran entre sus integrantes más conocidos, aunque la historia del grupo también ha sido revisada para recuperar la participación de escritoras que durante décadas ocuparon un lugar secundario en los relatos tradicionales.

Entre ellas se encuentran Concha Méndez, Ernestina de Champourcín y Josefina de la Torre, autoras cuya obra ha recibido renovada atención gracias a investigaciones y proyectos editoriales recientes. Su recuperación permite ampliar la lectura de una generación que habitualmente se presenta a través de sus integrantes masculinos.
La historia del 27 también está estrechamente vinculada con México. Después de la Guerra Civil española, numerosos intelectuales y artistas encontraron refugio en el país, donde continuaron sus actividades literarias y contribuyeron al desarrollo de instituciones educativas y proyectos editoriales. La experiencia del exilio estableció relaciones que modificaron la vida cultural de ambas naciones y cuya influencia permanece en sus bibliotecas, universidades y catálogos.
La programación anunciada para 2027 contempla actividades de literatura, cine, teatro, música y artes visuales, con la editorial Vaso Roto entre sus aliados. Aunque todavía falta conocer los detalles del programa, la elección de la Generación del 27 ofrece posibilidades para mirar las vanguardias literarias, las relaciones transatlánticas y las voces que las historias oficiales dejaron durante años fuera de sus páginas.
Lo que permanece cuando termina la feria
Con más de medio millón de visitantes, la FIL Monterrey 2026 concluye una edición marcada por una amplia participación editorial y por la presencia de comunidades escolares. El siguiente paso será observar cómo se traducen esos encuentros en relaciones sostenidas entre lectores, librerías y proyectos culturales durante los meses posteriores.
Las ferias del libro tienen una temporalidad particular. Durante unos cuantos días concentran actividades y publicaciones que difícilmente coincidirían en otro espacio; después, las editoriales regresan a sus ciudades, los autores continúan sus recorridos y los lectores incorporan las nuevas adquisiciones a sus bibliotecas personales.

Quedan también las conversaciones que no aparecen en los informes de resultados. Una recomendación inesperada, el descubrimiento de un sello independiente o un autor que encuentra por primera vez a sus lectores pueden tener consecuencias difíciles de contabilizar.
En 2027, la Feria Internacional del Libro Monterrey volverá con España como invitado de honor y con la oportunidad de revisar un siglo de historia literaria compartida. Entre los nombres de García Lorca, Cernuda y las escritoras de aquella generación aparecerá también una historia muy cercana a México: la de quienes cruzaron el Atlántico llevando manuscritos, libros y proyectos editoriales que encontraron aquí una nueva vida.






























































