Leer la Tierra: una invitación a detenernos
Hay algo profundamente simbólico en que el calendario acerque dos celebraciones que, en apariencia, pertenecen a mundos distintos: los libros y el planeta. Pero basta detenerse un poco para entender que ambos comparten una misma raíz: la necesidad de interpretar, de dar sentido, de establecer vínculos.
En ese cruce aparece la liternatura. No como una etiqueta fija, sino como una sensibilidad: una forma de escribir —y de leer— donde la naturaleza deja de ser fondo y se convierte en presencia.
¿Qué es la liternatura?
Podría pensarse como un eco creativo de la ecocrítica, pero con una diferencia esencial: mientras la ecocrítica analiza, la liternatura escucha.
Aquí no se trata de describir paisajes, sino de habitarlos con palabras.
No de escribir sobre árboles, sino de escribir desde su sombra.
La naturaleza deja de ser escenario para volverse interlocutora: algo que responde, que acompaña, que transforma.
Orígenes: ciencia, exploración y asombro
Antes de convertirse en corriente literaria, esta sensibilidad nació del asombro científico.
En el siglo XIX, figuras como Alexander von Humboldt recorrieron territorios —incluido México— entendiendo la naturaleza como una red viva de relaciones. Su mirada no separaba ciencia y emoción: describía, pero también narraba.
A su lado, Charles Darwin transformó nuestra comprensión de la vida; Alfred Russel Wallace intuyó paralelamente la evolución; Mary Anning reveló mundos antiguos desde los fósiles; y Jean-Henri Fabre observó lo mínimo con una paciencia casi poética.
Todos ellos compartían algo: una forma de mirar que no separaba conocimiento y asombro. Ahí, en esa frontera difusa, comienza también la liternatura.
Más adelante, Henry David Thoreau escribiría Walden como una experiencia vital, mientras Ralph Waldo Emerson y Emily Dickinson llevarían esa relación hacia lo espiritual y lo íntimo.
Escribir en un mundo herido: la liternatura contemporánea
Hoy, en un contexto atravesado por la crisis climática, esta sensibilidad se vuelve urgente.
Autoras y autores como Annie Dillard, con Pilgrim at Tinker Creek, o Olga Tokarczuk, en Sobre los huesos de los muertos, han expandido esta forma de narrar.
En esa misma línea, Pia Pera escribe Aún no se lo he dicho a mi jardín como quien conversa con lo vivo: el jardín como confidente, como testigo, como presencia.
Un pequeño canon: libros para entrar al jardín
Más que una lista, estos libros funcionan como puertas:
- Walden — vivir con lo esencial como acto radical
- Pilgrim at Tinker Creek — observar hasta que el mundo se revele
- Sobre los huesos de los muertos — ética, naturaleza y misterio
- Aún no se lo he dicho a mi jardín — intimidad, fragilidad y belleza
Cuando la naturaleza también se dibuja: libros ilustrados
La liternatura también se expande en lo visual. En los libros ilustrados, la relación con lo natural adquiere otra dimensión: inmediata, sensorial.
Desde Beatrix Potter hasta autores contemporáneos como Shaun Tan y Oliver Jeffers, la imagen se vuelve otra forma de narrar lo vivo.
Ahí, muchas veces, comienza el vínculo.
México: entre territorio, ciencia y palabra
En México, la relación entre literatura y naturaleza ha sido constante, aunque no siempre nombrada como liternatura.
Homero Aridjis ha unido poesía y activismo ambiental; José Emilio Pacheco exploró con lucidez el deterioro del mundo; y Octavio Paz pensó la naturaleza desde lo simbólico.
Pero hoy, una de las apuestas más interesantes surge desde proyectos híbridos que cruzan ciencia, arte y literatura.
El Sensacional de Liternatura Mexicana, impulsado por la Sociedad de Científicos Anónimos, parte de una idea poderosa: la ciencia también es cultura. No como un añadido, sino como condición de posibilidad del conocimiento y pieza clave en la construcción de identidad.
Frente a una divulgación que muchas veces ha sido árida o cerrada, este proyecto propone algo distinto: una comunicación científica amena pero rigurosa, abierta, multidisciplinaria, donde las ciencias, las humanidades y las artes no se separan, sino que dialogan.
Su apuesta no es menor: expandir las formas en que entendemos y compartimos el conocimiento, romper con lo hermético y acercar la ciencia a la vida cotidiana. En ese sentido, su trabajo encarna perfectamente el espíritu de la liternatura: hibridación, sensibilidad y pensamiento crítico.
Editoriales que cultivan esta mirada
En México y el ámbito hispano, varias editoriales han abierto espacio para este tipo de sensibilidad:
- Ediciones Tecolote — libros ilustrados donde la naturaleza dialoga con la infancia
- Almadía — narrativa contemporánea con sensibilidad estética
- Sexto Piso — pensamiento, ensayo y literatura
- Ediciones Era — tradición crítica
- Errata Naturae — clave en la difusión de obras como la de Pia Pera
Y, en una línea más reciente y experimental, proyectos como Jardín Nocturno (mención breve, pero significativa) exploran la lectura como experiencia colectiva y sensorial.
Leer naturaleza hoy: una forma de volver
En tiempos de velocidad, crisis climática y saturación digital, leer naturaleza puede parecer un gesto mínimo. Pero no lo es.
Porque no se trata solo de informarnos sobre el mundo, sino de reaprender a mirarlo. De recordar que no estamos separados de lo que nombramos.
Quizás la liternatura no cambie el planeta de inmediato.
Pero cambia algo más silencioso y profundo: la forma en que lo habitamos.
Y a veces, eso —como una semilla— es suficiente para empezar.
Mesa curatorial | BrúxulaNews💫

























































