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El siglo en que las plantas comenzaron a quedarse sin mundo: estudio advierte riesgo de extinción para miles de especies antes de 2100

No es sólo que el clima cambie: es que los lugares capaces de sostener vida vegetal están desapareciendo.

Un análisis de casi 68 mil especies revela un futuro donde bosques, linajes antiguos y ecosistemas enteros podrían quedarse sin refugio climático.

Durante décadas, la crisis climática se explicó con imágenes de glaciares derritiéndose, incendios forestales y temperaturas récord. Pero un nuevo estudio publicado en la revista Science pone el foco en una tragedia más silenciosa: la posible desaparición masiva de plantas que sostienen la vida en la Tierra.

La investigación, liderada por científicos de la University of California, Davis, analizó la distribución de 67.664 especies de plantas vasculares y concluyó que entre el 7% y el 16% podría perder más del 90% de su hábitat adecuado antes de 2100, quedando al borde de la extinción.

La advertencia es tan contundente como inquietante: el planeta no sólo se está calentando. También se está quedando sin espacios donde ciertas formas de vida puedan existir.

El problema ya no es sólo “moverse”

Durante años, parte de la discusión científica giró en torno a si las especies podrían migrar hacia regiones más frías o húmedas conforme cambiara el clima. Pero este estudio plantea algo más grave: incluso si muchas plantas logran desplazarse, los territorios capaces de sostenerlas podrían simplemente desaparecer.

Es decir, no basta con “moverse hacia el norte” o buscar nuevas montañas. En muchos casos, el refugio climático deja de existir.

Los investigadores usaron modelos globales de distribución y distintos escenarios de emisiones para proyectar cómo cambiarían las condiciones aptas para miles de especies vegetales. El resultado dibuja un mapa desigual y profundamente preocupante.

Los grandes perdedores del futuro vegetal

El estudio identifica regiones especialmente vulnerables:

  • el Mediterráneo europeo,
  • el oeste de Estados Unidos,
  • y el sur de Australia.

En estas zonas, muchas especies enfrentarían una contracción drástica de sus rangos de supervivencia debido a sequías, calor extremo y alteraciones climáticas persistentes.

Particularmente alarmante es el caso de ciertas plantas con millones de años de historia evolutiva, como especies del género Selaginella, consideradas auténticos fósiles vivientes.

También aparecen los Eucalyptus australianos, fundamentales no sólo para la biodiversidad, sino para culturas indígenas, ecosistemas completos y economías forestales.

La pérdida potencial no sería únicamente biológica. También sería cultural, histórica y simbólica.

La paradoja: más especies locales, menos vida global

Uno de los hallazgos más complejos del estudio es que algunas regiones podrían experimentar un aumento temporal de especies vegetales. Áreas húmedas —o que podrían volverse más húmedas— como:

  • el este de Estados Unidos,
  • India,
  • partes del sudeste asiático,
  • y el sur de Sudamérica,

podrían recibir nuevas plantas desplazadas por el cambio climático.

Pero los científicos advierten que esto puede generar una ilusión peligrosa.

Aunque ciertos lugares parezcan “más verdes” o biodiversos, el planeta podría estar perdiendo linajes enteros de manera irreversible. En otras palabras:

podría haber más especies concentradas en algunos sitios… mientras la diversidad total de la Tierra disminuye.

La imagen es inquietante: jardines más llenos, pero un planeta más vacío.

Plantas: la infraestructura invisible del mundo

La posible desaparición masiva de especies vegetales no implica sólo perder flores o árboles aislados. Las plantas son la base de casi todos los ecosistemas terrestres:

  • producen oxígeno,
  • regulan temperatura,
  • sostienen cadenas alimenticias,
  • capturan carbono,
  • estabilizan suelos,
  • conservan agua,
  • y permiten la existencia de innumerables insectos, aves y mamíferos.

Cada especie vegetal perdida puede desencadenar efectos en cascada difíciles de prever.

Por eso muchos científicos insisten en que la crisis climática no es únicamente una cuestión de “temperatura promedio”, sino una transformación profunda de las condiciones que hacen habitable el planeta.

La conservación ya no puede mirar al pasado

Quizá la conclusión más incómoda del estudio sea esta: proteger reservas naturales como se hacía antes podría no ser suficiente.

Los investigadores señalan que la conservación moderna tendrá que adaptarse a un mundo dinámico y cambiante. Entre las estrategias mencionadas están:

  • reducir emisiones,
  • restaurar ecosistemas,
  • proteger refugios climáticos,
  • reforzar bancos de semillas,
  • y convertir jardines botánicos en verdaderas “arcas genéticas”.

La llamada “migración asistida” —trasladar especies manualmente a regiones más adecuadas— podría ayudar en ciertos casos, pero no resolver por sí sola una pérdida masiva de hábitats.

El archivo viviente de la Tierra

Hay algo profundamente humano en esta crisis vegetal. Muchas de las especies amenazadas existían mucho antes que nosotros. Algunas sobrevivieron eras glaciales, cambios tectónicos e impactos planetarios.

Y, sin embargo, podrían no sobrevivir al siglo XXI.

No hablamos solamente de árboles, hojas o flores. Hablamos de organismos que guardan millones de años de memoria evolutiva; archivos vivientes del planeta que hicieron posible la vida tal como la conocemos.

La pregunta ya no parece ser si el mundo cambiará.
La pregunta es cuántas formas de vida llegarán con nosotros al final del siglo.

Mesa editorial | BrúxulaNews💫

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