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La increíble historia de Hedy Lamarr: la estrella de Hollywood que sentó las bases del wifi y Bluetooth

“La mujer más bella del mundo” en 1940. También, genia de la tecnología cuyos inventos ayudaron a los aliados en la SGM.

Mientras el mundo se encaminaba hacia la Segunda Guerra Mundial, laleyenda del cine Hedy Lamarr posaba para fotografías publicitarias e interpretaba a seductoras mujeres en la gran pantalla. Pero su trabajo diario no era siempre lo más importante para la actriz, una de las figuras más destacadas de la Edad de Oro de Hollywood.

Lamarr era una genia de la tecnología y, mientras se ganaba el corazón de Hollywood en la década de 1940, se dedicaba a idear un invento que esperaba que ayudara su país de adopción, Estados Unidosa mantener a raya a la Alemania nazi.

La idea de Lamarr era una forma sencilla pero ingeniosa de evitar que los buques de guerra del Eje interfirieran en las comunicaciones secretasde los Aliados, una idea tan buena que se convirtió en la base de las telecomunicaciones modernas, como el wifi y el GPS.

Pero el trabajo entre bastidores de Lamarr como inventora quedó eclipsado tanto por su glamour hollywoodiense como por los prejuicios de género de su época, que sostenían que la belleza y la inteligencia no podían coexistir. 

En el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, conoce la historia de Hedy Lamarr, una mujer genial que tuvo ideas transformadoras en la década de 1940 para el futuro desarrollo tecnológico y que no obtuvo reconocimiento en su época.

El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia se celebra anualmente el 11 de febrero. Esta efeméride fue instituida en 2015 por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el objetivo de destacar la necesidad de la igualdad de género en diversas áreas de la ciencia, como la tecnología, la ingeniería, la biología y las matemáticas, entre otras.

He aquí por qué Lamarr era más que una cara bonita, y cómo su invento del salto de frecuencia cambió para siempre la vida cotidiana.

¿Quién fue Hedy Lamarr?

Hedwig “Hedy” Kiesler nació el 9 de noviembre de 1914 en Viena, hija de padres de ascendencia judía, aunque su madre se convirtió al cristianismo. Conocida en aquella época como Austria-Hungría, la zona estaba plagada de antisemitismo a principios del siglo XX. Lamarr mantuvo en secreto su identidad judía durante toda su vida, según señalan los historiadores, llegando incluso a ocultar su herencia judía a sus propios hijos.

Hija de padres adinerados, creció en una sociedad privilegiada y asistió a escuelas privadas junto con otros niños acomodados. Era una estudiante curiosa con talento para las ciencias y la ingeniería, pero se esperaba que se ajustara a los ideales femeninos de la época y diera prioridad al romance y la familia por encima de la carrera profesional. Recompensada por su apariencia física más que por su inteligencia, se inclinó por la actuación y apareció en su primera película en Austria en 1930.

Los primeros papeles de la estrella la encasillaron como una “belleza vienesa inocente pero seductora”, escribe la historiadora Ruth Barton. Pronto se mudó a Berlín en busca de una mayor fama entre el público de habla alemana. Allí tomó clases de actuación y consiguió el papel principal en Éxtasis, una atrevida película dirigida por Gustav Machatý en 1933. El filme ganó inmediatamente renombre como obra maestra erótica, llamando la atención por sus escenas de desnudos y placer sexual. Esto la lanzó a la fama inmediata, lo que se tradujo en una carrera teatral y en su matrimonio con el acaudalado traficante de armas Fritz Mandl en 1933.

La condición de Mandl como traficante de armas de confianza de los fascistas italianos y alemanes garantizaba a su esposa una lujosa vida social. Pero él era celoso, posesivo y no se avergonzaba de sus estrechos vínculos con el fascismo. El amplio negocio de armas de Mandl ponía a su esposa en una incómoda proximidad con antisemitas, nazis y fascistas

Aunque la renuente esposa se sentía cada vez más atrapada en su relación, disfrutaba acompañando a su esposo a reuniones con algunas de las mentes científicas y tecnológicas más brillantes de Europa. Finalmente, huyó de su matrimonio y, en 1937, también huyó de Europa, donde el antisemitismo iba en aumento.

Cuando Hedy se enteró de que el magnate del cine Louis B. Mayer se dirigía a Estados Unidos en un transatlántico después de unas vacaciones, tomó la decisión de última hora de reservar un pasaje en el mismo barco. A bordo, conoció y cautivó a Mayer, cuyos estudios MGM estaban alcanzando su punto álgido en cuanto a productividad, popularidad y rentabilidad. Juntos, idearon una nueva identidad hecha a la medida para la lente de la cámara: Hedy Lamarr, una hermosa pero distante estrella de MGM.

Con la ayuda de un cambio de imagen a bordo y mucha publicidad, Hedy Lamarr causó sensación inmediatamente al llegar a Nueva York.

¿Qué inventó Hedy Lamarr?

En 1938, el papel revelación de Lamarr en Argelia la convirtió en una auténtica estrella e interpretó personajes seductores en películas como La dama de los trópicosEl fruto dorado Las follies de Ziegfield. Aunque su belleza cautivaba al público, su inteligencia (y su genio tecnológico) permanecían estrictamente entre bastidores.

Para entonces, había comenzado la Segunda Guerra Mundial y Lamarr estaba considerando dejar la actuación y ofrecer sus habilidades tecnológicas a los Estados Unidos para ayudar en el esfuerzo bélico. Sus conocimientos sobre armamento y armas, adquiridos gracias a la observación de su exmarido y sus clientes, también eran muy valiosos. Aunque Estados Unidos aún no se había unido a la guerra, ya estaba proporcionando suministros a los aliados por mar, y tanto los buques mercantes como los militares se enfrentaban a constantes amenazas de los torpedos alemanes.

Lamarr estaba al tanto de las últimas novedades en tecnología de torpedos europea gracias a su relación con los clientes de su marido. Pensaba en una forma de que los barcos aliados evitaran que sus torpedos controlados por radio fueran saboteados por los barcos alemanes, que a menudo interferían con éxito en las señales de radio aliadas y dejaban los torpedos inutilizables. ¿Qué pasaría si los torpedos y sus operadores se comunicaran en más de una señal, cambiando a menudo de frecuencia para evadir los inhibidores alemanes?

En 1940conoció a George Antheil, un compositor modernista apasionado por la tecnología. Él se dio cuenta de inmediato de que estaba hablando con la mujer más inteligente de la sala, según recordó en sus memorias de 1945. “Hedy es muy, muy inteligente”, escribió. “En comparación con la mayoría de las actrices que conocemos, Hedy es una gigante intelectual”. 

Cuando Lamarr le contó a Antheil su teoría del salto de frecuencia”, él se sintió intrigado y pudo construir un prototipo de la tecnología que ella había imaginado. Antheil era conocido sobre todo por sus obras que combinaban pianos mecánicos sincronizados con campanas, sirenas, hélices de avión y otros sonidos estridentes, composiciones que casi provocaron un motín durante su estreno en el Carnegie Hall en 1930.

El concepto de alta tecnología de Hedy Lamarr

Lamarr continuó su carrera cinematográfica, alcanzando su apogeo en la década de 1940 y principios de la de 1950 con películas como Sansón y Dalila, antes de ver cómo su carrera decayó a finales de la década. Entre bastidores, su tempestuosa vida fuera de la pantalla le llevó a seis matrimonios, seis divorcios y tres hijos. Lamarr obtuvo la ciudadanía estadounidense en 1953.

Mientras tanto, la Marina de los Estados Unidos había estado reteniendo la tecnología que ella había desarrollado. Pero justo cuando la estrella de cine Lamarr comenzaba a caer, la Guerra Fría llevó a los funcionarios del gobierno a reconsiderar algunas de las tecnologías rechazadas durante la Segunda Guerra Mundial

La Marina comenzó a utilizar los conceptos de Lamarr y Antheil para desarrollar sistemas de comunicaciones seguras para diversos usos, pero nunca reconoció públicamente a los inventores.

“La mayor parte de la tecnología desarrollada por o para las fuerzas armadas incorporaba los conceptos de salto de frecuencia de Lamarr y Antheil” en la década de 1960, escribieron Kenneth T. Klima y Adriana Klima en Navy History en 2019. El concepto se mantuvo clasificado hasta la década de 1980.

Sin embargo, pocos sabían o reconocían quién había inventado el salto de frecuencia una vez que el concepto pasó a ser de dominio público. A medida que la estrella de Lamarr se apagaba, su contribución a la tecnología quedó oculta a plena vista, en los teléfonos, televisores y otras nuevas tecnologías que la rodeaban. 

Sin embargo, según escribieron Klima y Klima, “no recibieron ningún reconocimiento, regalías ni crédito por parte del ejército ni de la industria de las comunicaciones”. Durante años, el invento apenas recibió reconocimiento, salvo por una columna periodística de 1946 en la que se afirmaba en tono jocoso que la famosa belleza de Lamarr y su participación en el Consejo Nacional de Inventores habían resultado ser una herramienta de reclutamiento extraordinaria para los aspirantes a inventores.

Su invento con Antheil sentó las bases de avances en las telecomunicaciones como el wifi, el Bluetooth y el GPS.

Hedy Lamarr, una genia no reconocida

Hasta hace poco, la innovación de Lamarr pasaba desapercibida, a pesar de que se había vuelto casi omnipresente en las telecomunicaciones. Mientras tanto, la antigua estrella de Hollywood se cansó de la vida pública y se convirtió en una especie de reclusa, falleció en 2000 a los 85 años.

Para entonces, el mundo científico había comenzado a reconocer sus contribuciones, y Lamarr y Antheil fueron honrados con premios. Pero su mayor premio, la incorporación al Salón de la Fama de los Inventores Nacionales, llegó póstumamente, en reconocimiento a que Lamarr y su socio inventor “nunca se beneficiaron de su invento durante su vida”.

¿Se dio cuenta Lamarr de la importancia que tendría su trabajo, o de cómo este abriría nuevas vías para las mujeres en el ámbito de las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas? “Nunca habló de esa parte de su vida”, dijo en una entrevista en 2018 la directora Alexandra Dean, cuyo documental Bombshell: The Hedy Lamarr Story explora la vida y el legado de la inventora.  

“Lo malo es que siempre me adelanto a mi tiempo”, se lamentaba la propia Lamarr en su autobiografía de 1966, Ecstasy and Me: My Life as a Woman. “Y eso es una desventaja para mí”. A pesar de ser innovadora y creativa, escribía Lamarr, tuvo pocas oportunidades de expresar esa faceta de sí misma en un mundo obsesionado con su belleza y su atractivo sexual.

“Si sus sueños de volver a la pantalla ya eran cosa del pasado, la afición de Hedy por la invención la acompañó hasta el final”, escribe Barton. Su tecnología la ha sobrevivido y actualmente se la recuerda tanto como una leyenda de la pantalla como una figura fundadora inesperada de las telecomunicaciones modernas.

Fuente: National Geographic | Historia

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