Hay una conversación que, por años, se evitó en las oficinas, en los consejos de administración y en los escritorios de los CEOs: la salud mental. Hoy, ignorarla no solo es insostenible, sino una mala decisión de negocios.
Durante décadas, las empresas invirtieron millones en capital humano sin entender del todo qué lo hacía realmente sostenible. Apostaron por tecnología, por entrenamientos, por certificaciones. Pero en muchos casos, se les olvidó lo esencial: un empleado emocionalmente sano no solo rinde más… crea, lidera, innova y contagia.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la depresión y los trastornos de ansiedad cuestan a la economía global más de un billón de dólares anuales en pérdida de productividad. Y no se trata solo de burnout: hablamos de aislamiento emocional, falta de propósito, duelos no atendidos, traumas laborales silenciados y un modelo de éxito que castiga la vulnerabilidad.
Hoy, las empresas que están un paso adelante entienden que el cuidado emocional no es un “beneficio adicional”; es una inversión estratégica. En México, compañías como BBVA, Cemex o Bimbo han empezado a implementar programas de salud mental, desde plataformas confidenciales de asistencia psicológica hasta talleres de resiliencia emocional para sus líderes.
Fuente: forbers






















































