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Mundo iluminado

Abro los ojos. Aunque tengo cierta conciencia de quién soy y dónde me encuentro, cuanto me rodea me resulta desconocido pero fascinante…

Abro los ojos.
Aunque tengo cierta conciencia de quién soy y dónde me encuentro, cuanto me rodea me resulta desconocido pero fascinante. 

¿Son rejas las que me circundan? Sí, de madera, pero luego de revisarlas a detalle encuentro un modo de subir por ellas y de ahí dar el brinco hacia el suelo. 

Todo es enorme y novedoso, pero a la vez inexplicablemente familiar. ¿Por qué sé que eso es “madera” o el “piso” es piso? No tengo idea, pero a pesar de no tener un recuerdo claro previo a este momento, tengo una noción vaga de algunos conceptos y de un par de personas. De una mujer al menos.

No puedo articular palabra ni sé dónde me encuentro, pero me siento seguro y tranquilo. Salgo de este cuarto y empiezo a explorar el resto del sitio; estoy solo en este enorme lugar de paredes y techos amplios. Hay pasillos, puertas (algunas cerradas), una habitación fría, de paredes blancas y con objetos extraños, también blancos; una estancia grande con sillones de gruesa madera y sobre ellos cojines coloridos… 

Me detengo frente a un gran mueble que contiene varios instrumentos. Sé que de ese sale música y de ese otro voces e imágenes… pero no tengo idea de cómo funcionan o siquiera de cómo nombrarlos. 

Sólo sé que está el mundo iluminado y yo despierto. 

Más adelante hay una gran tabla con sillas alrededor y otro mueble con varios platos y objetos transparentes en su interior. Intento alcanzar alguna de las manijas pero quedan lejos de mi alcance. Al igual que los negros botones de un grueso mueble metálico y donde hay diversos trastos colgados del techo: aquí hay olores fuertes, pero agradables: se sienten dulces o salados o incluso “pican” la nariz… depende de qué tanto me acerque a los recipientes donde se encuentran (y que tampoco puedo alcanzar). 

Regreso a la habitación de la que salí. Exploro los frascos y objetos que están encima de otros muebles con espejos: la mayoría están muy por encima de mi tamaño y tampoco puedo alcanzarlos cuando intento tocarlos… así que me conformo con detenerme en sus formas y figuras: en cómo la luz se descompone o distorsiona en sus tapas plateadas o sus envases multicolores… Mi atención se dirige entonces a los dibujos y las tramas de las cobijas, los edredones y las cortinas: en cómo se repiten ciertos patrones geométricos en sus texturas… Y empiezo a imaginar que ahí, entre esas costuras y diminutos hilos hay otro micromundo donde viven otros seres que es imposible ver a simple vista (ni ellos a mí), pero que igual exploran su entorno con asombro, sin imaginar que puedo intuir su existencia… ¿Habrá alguien o algo que me pueda ver ahora así como yo me detengo fascinado ante el polvo que contrasta con esa rendija por la que entra la luz del sol y parecen estrellas contra la inmensidad de la noche?

Bostezo. Se me cierran los ojos. Regreso a mi cuna. 

Carlos Alberto Rojas Bautista | Patreon
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